ED KOWALCZWYK “Alive” 2010 – EarMusic

edkowalczyk

ED KOWALCZYK
«Alive»
2010 – EarMusic, Edel

edkowalczyk

Tracklist: 
01. Drive
02. The Great Beyond
03. Grace
04. Stand
05. Drink (Everlasting Love)
06. Zion
07. In Your Light
08. Just in Time
09. Rome
10. Soul Whispers
11. Fire on the Mountain

Miembros: 
Ed Kowalczyk: (voz, guitarra)
James Gabbie (Guitarra solista) 
Ramy Antoun (Batería)
Chris Heerlein (bajo)

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Dulce y eléctrico, como si nos montamos en un tiovivo con un algodón de azúcar (^_^). Estamos ante la veterana voz de Live, moviéndose en solitario, con serios intentos de elegancia mediante un rock tradicionalmente maduro. ¿Funciona este cóctel? A muchos desde luego, sí, si entendemos que el rock son cuatro acordes, pero que detrás de ello se esconden miles de formas distintas de vivir la música como experiencia evasiva y emulsiva (mezclando). En este caso, a mí me suena a  un cúmulo de nostalgias revividas.

El señor K. es un hombre pegado a su voz, conocido a través de Live (nombre poco original aunque efectivo), en la que también participa su hermano Adam a la guitarra. Un tipo curioso, que ha sido codeado con productores como Glen Ballard, músicos de la talla de Stuart Davis, la neerlandesa Anouk, la sueca Neneh Cherry, o Adam Duritz (Counting Crows). Su música ha sido el envoltorio de algunas películas, y también ha colaborado en un vídeo con Will.i.am, el rapero de Black Eyed Peas, apoyando a Obama (¿harán lo mismo algún día los artistas españoles con sus partidos políticos principales? ¡Uuhrj! Me ha dado un escalofrío). Anecdóticamente, fue el camarero del bar en El Club de la lucha (¡qué sabia es la Wikipedia!).

Es de Perogrullo: hasta aquí no llega tan intensamente todo esta pirotecnia yanqui, este circuito “independiente” (la palabra más desprestigiada del mundo), que al mismo tiempo se cuela en los Top de Billboard.com (nada menos independiente que eso)… Pero los talentos se aprecian igualmente. Sin embargo, el rockero de-apellido-que-no-quiero-volver-a-escribir se atreve a hacer lo mismo tanto en grupo como en solitario. Eso le encasilla gravemente, aunque el producto final no deje de tener una calidad referencial. (Las cosas menos auténticas son a menudo las más conmovedoras). El nimbado vocalista está en el mejor momento de su corrida. Recordemos que Live es, junto con Collective Soul, Bush o Foo Fighters, una de las bandas más destacadas de los 90 en Estados Unidos del “‘rock alternativo’”. Esta gloria ahora la luce en su nombre. Si amas estas bandas, necesitarás este ceniciento compacto, del que probablemente destace su single Grace y su punto de arranque en Drive, como una selección acertada, pues Edward Joel sabe lo que gusta a sus fans y a él mismo, en este, un ejercicio de sapere auto. En cambio, mantiene tempos más subjetivos o propios del rock setentero como en Soul Whispers. Siempre predomina su voz todoterreno, melódica y modélica, como sucede en Rome, sustentada en la sonoridad de los coros. En Zion  se atreve a ir un 20% más por libre del conjunto musical. Su estilo varia lo justo, aunque a veces turba suavemente algunas melodías de voz, algo en realidad “muy suyo”, los miles de fans lo saben.

Quienes sí vienen del anonimato internacional son los músicos, adecuados tras la parrilla de luces que mira a Ed, dignísimos, aunque respaldados por la calidad sonora de los estudios CJ Eiriksson (U2). Los tejanos Chris Heerlein y James Gabbie sustentan la armonía con una distorsión bien contrapesada, medida, con el carácter y la indiferencia vacilona del músico de acompañamiento. A la batería, el egipcio Ramy Antoun, un veterano con otro centenar de colaboraciones a sus espaldas… aunque me quedo con el trabajo junto a Thana Harris en Thanatopsis (psicodelia).

Alive es recurrente, y tal vez por eso mismo, peca de desdeñoso. Tal vez un par de elementos de distinción le hubieran incluido en los repertorios de los iPods más exquisitos. A estos efectos, Alive parece más un reto personal que un afán de ir más allá. Pero el ámbito donde se mueve le impide convertirse en un maestro del diafragma. Estamos ante un «¡mira lo que sigo pudiendo hacer!». No obstante, nada indicaba que hubiera de ser de otra manera, resultando un producto comercialmente independiente, independientemente comercial, aplaudible aunque crematístico. Disfrutable. Por lo que demandemos su gira por Europa, (y ya hablaremos de España).

Rubén G. Herrera