SUMMERCASE ´08

Redactora: Silvia Suárez
Fotógrafo: Sinnamon Promotions

SUMMERCASE ´08
18 y 19 – Julio – 2008
Boadilla del Monte (Madrid)

Viernes a las 6 de la tarde. Más de 50 artistas se dan cita en la esperada tercera edición del festival Summercase, que vuela entre Madrid y Barcelona, y promete fiesta, diversión y música independiente, mucha música. Y todo en menos de 48 horas. ¿Estrés? Con un horario "incomestible" de primeras, puede… pero sobre todo, ganas de pasarlo bien.

El primer vistazo: Un cartel incombustible, tan repleto de artistas que es casi imposible retener todos los nombres sin tener que consultar el programa de mano cada 10 minutos.

De momento, se nos presentan unos cuántos puntos para evaluar la cita del indie del fin de semana… A favor: calidad y proximidad (a elegir ubicación entre Madrid y Barcelona… los abonos son polivalentes). Poder disfrutar de los hitos de los ´90 y de los grupos de moda en los clubs más alternativos en la, un poco "desatendida" en materia, capital y en la ciudad condal es el plato más jugoso. En contra: El tiempo, el precio, la organización (sobre todo, instalaciones).

Lo del precio lo dejamos en interrogante… caro es, por su duración (sólo dos días) pero si se tiene en cuenta el cartel y el precio de un concierto sencillo de un artista, no parece tan desmesurado. No mencionaremos demasiado los precios de consumición y merchandising (más caro que en las webs) poco inteligente si se piensa en que después de la entrada pagada, la gente no tiene ganas de seguir rascándose el bolsillo con 30 euros por una camiseta de simple algodón (otros años el tema se hacía mucho más accesible y los precios no subían de los 15 ó 20 euros)… y pensemos que hay que amortizar a los artistas, por si con la entrada no hubiera habido suficiente.

El público tiró mucho de la entrada de día, porque si hay un grupo favorito y la entrada es la mitad… tampoco está el bolsillo para abonos, precisamente.

Ahora pasemos a lo políticamente incorrecto, al sufrimiento de todos los festivaleros de la capital, al talón de Aquiles del recinto de Boadilla del Monte: el suelo. Y todo el mundo lo sabe. Con conocimiento de causa, la inmensa mayoría prefirió acudir con calzado deportivo o botas, para evitar los dolores, pisotones y el incómodo polvo que desprenden las piedras de la superficie. Algún que otro hecho incómodo (y de fácil solución) como la comunicación del metro ligero con la entrada al recinto o la habilitación de más puntos de agua (fuentes) que evitaran las insoportables colas al intentar hidratarse, algo fundamental en un evento así (y en pleno verano).

Esta vez, eso sí, las carpas (todas menos la Levi’s, de electrónica) estaban descubiertas, más separadas y mejor preparadas que en las ediciones anteriores… que para algo estaban patrocinadas.

Reino Unido en la palma de la mano
Está claro que hemos progresado, musical y culturalmente estamos mejor avenidos. España se ha sacudido los complejos de inferioridad y ha pasado de tener una escena estival poco variada a ser uno de los referentes indies de mayor auge junto con Reino Unido (los festivales Glastonbury y T in the Park) o EEUU (Coachella).

Y si hay algo que lime todavía más estas diferencias es por lo que se caracterizado el festival de este año: una afluencia masiva de grupos británicos. La britishmanía ha sido tan brutal que pocas son las excepciones. CSS desde Sao Paolo, los californianos Tiga, los suecos Shout Out Louds y Peter Von Poehl, los tejanos Kings of Leon, son algunos de las excepciones.

Parece una apuesta por igualar al FIB en el terreno del vecino anglosajón, pero en realidad, el Summercase apostó por los ´90 como década gloriosa e idea principal del festival, combinándolo además con el new wave y los grupos de nueva generación pop-rock indie aderezados con algo de electrónica. Prueba de la temática fue la presencia del sector "maestro" como Sex Pistols, The Verbe o Blondie, que hicieron las delicias de sus seguidores de antaño y no tan de antaño. El dream team estaba asegurado.

Dos citas, un fin de semana
Si se hace la prueba de escribir en un buscador las palabras “festival” con “fin de semana del 19 y 20 de julio”, ganarán abrumadoramente dos resultados: Fib y Summercase. Muchos se preguntan las razones de haber hecho coincidir ambos eventos, ya que son muchos los que han acusado al festival que promueve Sinnamon (el Summercase) de haber cambiado su fecha por razones un tanto desconocidas o poco creíbles. El motivo es sencillo si recordamos que, desde su creación hace tres años el festival se personificó en la fecha del fin de semana de julio que dividía una quincena de otra (tradicionalmente, 15 y 16), por lo que es lógico que este año la fecha, por caer entre semana, se haya desplazado a la actual y que, como se dijo desde la organización, se haya querido evitar la competencia directa con algunos festivales internacionales. Este no es un motivo tan menor como parece, ya que, hay que recordar que las cifras indican un considerable aumento del público extranjero, con un mayor nivel adquisitivo, y que acude a nuestro país buscando un complemento al sol y a la fiesta prometidas desde las agencias turísticas.

El FIB, por su parte, hizo lo propio para no perder su tradicional puesto de prestigio en el panorama indie y, como principal novedad, institucionalizó un día de conciertos con una buena cifra de los cabezas de cartel para el público, centralizando su actividad y asegurándose su hegemonía también el sábado.

Otro tema más peliagudo es si la competencia atroz entre ambos festivales favorece al público. Ya de entrada y si miramos el lado musical, parece que sí, aunque el espectador sea el que finalmente salga perjudicado al tener que elegir entre de las dos citas en el fin de semana de mayor intensidad festivalera. Para más inri, este año el sábado había una doble oferta en la capital: frente al segundo día del festival del puente aéreo, se situaba el "Saturday Night Fiber", una pequeña muestra del de Benicassim sin salir de la capital. Además, Tom Waits y Springsteen han estado por aquí con sólo unos días de diferencia (el "Boss" tocó el jueves en la capital y el domingo en Barcelona). Una locura, sí, y todo en menos de una semana…

Pero no crean que la música es todopoderosa… sobre todo, cuando de vender se trata y con la "crisis" rondando cual moscardón. Este año, los dos grandes, FIB y Summercase, han perdido visitantes. La diferencia más palpable: el FIB alrededor de 28.000 menos de lo que ha dejado de embolsarse la cita Madrid-Barcelona esta edición. Para competir hay que saber apostar, y la razón de que tanto grupo internacional haga el "agosto" en nuestro país son las más que significativas cantidades que reciben por tocar aquí los artistas, de los que este año ya se ha dicho que son los mejor pagados de Europa. Cada vez surgen más festivales para complacer a una demanda cada vez más variada, ejemplos parecidos son el Ola! (antiguo Nature Music), la apuesta electrónica y dance del Creamfields y el Weekend Dance, o los más modestos Sonorama o Ebrovisión. Los alicientes para reclutar más adeptos y cubrir las ganancias a costa del ocio en la temporada estival. Las discográficas y empresas promotoras parecen garantizar las propuestas de música y fiesta mientras que el sol tenga fuerza… hasta que el "mercado" aguante. Y que aguante, por favor… que a lo bueno, cuesta desacostumbrarse.

Impresiones al sol y luces de neón
En la variedad está el gusto. Cansei de ser sexy (CSS), el fenómeno brasileiro de la red hizo bailar y "cegó" a los espectadores, mezcla de fans y curiosos, con sus galácticas indumentarias. Los siempre impecables (sonido, indumentaria, puesta en escena). Interpol mostraron que son una de las bandas de rock británico más puro desde los 90. Primal Scream, trajeron su enérgica electrónica de 20 años de éxitos. Los mods de los Kaiser Chiefs que saben como satisfacer al público por segundo año consecutivo con su power pop obrero y rebelde. Todo disfrute. Los andaluces Los Planetas fueron el mejor estandarte de orgullo indie español. Los alocados Mäximo Park hicieron que la gente coreara sin parar con su energizante directo e "inauguraron" la noche de cabezas de cartel del sábado. Unos de los más solicitados fueron los "apóstoles" rockeros de tejas (fue uno de los mayores llenos del viernes). Los Kings of Leon demostraron que controlan un amplio espectro del rock, sobrepasando el garage de sus inicios con un personal pop rock, en una completa actuación aunque algo carente de salero. Los iconos de The Verve junto con un Ian Brown por el que no pasa el tiempo fueron el toque "Madchester", siempre genuino. Los campesinos!, que aunque parezcan de cosecha nacional son de Cardiff (Reino Unido), se ganaron a toda la people haciendo las delicias de todos en el intervalo de los cabezas de cartel, con su look folk y energía pop-rockera. Al pasar el umbral de las 12, la electrónica se presentó de forma variada y con varias alegrías nacionales. El repertorio variado y de "temazos" continuos del habitual de la noche Dj Scream nada tuvo que envidiar al de los polifacéticos 2manydjs o el ultramoderno Mr Flash.

Del 1 al 10
La sorpresa: El pijama y la energía de los "Queen" Pistols, con un Johnny Rotten que, polémicas aparte, adoramos.
La matrícula: La fulgurante actuación de The Verbe, que se crecieron finalizando con su ineludible "Bittersweet symphony", una de las canciones más esperadas del festival; Los "always happy" The Kooks dejaron el buen sabor de boca al festival con su actuación casi inaugural, haciendo que el cansancio y la ausencia de su batería titular (Paul) apenas se notaran.
La ambición: Debbie Harry. Llegó, gustó, llenó y compitió (a la misma hora e incluso con teenagers como público) con los poderosos Interpol. Y a sus 63 años.
La indiferencia: Kings of Leon estuvieron "correctos"… buen sonido pero algo menos de picardía de lo esperado en un festival así, y en una actuación similar a un videoclip que dejó al público con ganas.
La decepción: La ausencia de M.I.A, la incompatibilidad de horarios entre, por ejemplo, los refrescantes The Kooks y Shout Out Louds, o el rock juvenil de The Raveonettes y el experimentado de los Sex Pistols; además, reinó la ausencia de bises en la gran mayoría de conciertos (¿influjo de la apretada agenda del día?).