ADLER`S APPETITE + KNOCK OUT KAINE + GANSOS ROSAS, 17 febrero 2011 Sala Live

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 LA HISTORIA DE GUNS’N ROSES CANTADA A LA INVERSA


Noche de buen Hard Rock, y a ratos no tan bueno; noche de diversión, de desconcierto, de disputas, de presentaciones, de viejos y nuevos tiempos…

   Alguien nos cuenta antes de entrar a la sala que, por exigencia del buen Steven Adler, o de su tour manager, Gansos Rosas no van a tocar, o lo van a hacer después de la banda principal. Se cruzan las informaciones y no nos queda muy claro el cómo y el por qué, pero si nos advierten de la puntualidad con la que dará comienzo el show. Por ello, y sin saber muy bien lo que nos encontraremos dentro de la madrileña sala Live, nos adentramos en ella para ir cogiendo posiciones.

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   En efecto, apenas pasan 5 minutos de las 21:00 horas cuando para nuestro alivio saltan a escena GANSOS ROSAS liderados por su nuevo vocalista, recién llegado de Londres. Un tipo de lo más “cool”, según palabras de su propio compañero de banda, quien confiesa haberle conocido a través de Youtube. Gran voz, actitud a raudales, y una pose, apariencia y timbre vocal que nos hace pensar que bien podríamos estar ante un Dregen (Backyard Babies) o un Jocke (Hardcore Superstar) rejuvenecidos. Un repertorio basado en los temas más modernos de Guns’n Roses, de los años ’90 en adelante: ‘Pretty Tied Up’, ‘Dead Horse’, ‘Get in the Ring’ (dedicada al “zampanabos” del tour manager de Adler’s Appetite, con quien se ve que hicieron buenas migas…) Buena ejecución, buena puesta en escena y gran adquisición a la voces. A pesar de que el repertorio les ha sido en cierto modo impuesto, dejando fuera temas que sonarían minutos más tarde a manos de los cabezas de cartel y que seguro forman parte de su set list habitual, no han dudado en darlo todo sobre las tablas, una vez más. 50 minutos enérgicos que terminan con ‘You Could Be Mine’.

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   La sala empieza a coger color y calor. El público, que comenzó siendo escaso, se va haciendo cada vez más numeroso y variado. Tras un breve descanso algunos despistados nos sorprendemos al ver que quien salta a la tarima no son Steven Adler y los suyos, sino unos jóvenes ingleses llamados KNOCK OUT KAINE con ganas de comerse el escenario y a todo el que se ponga por delante. ¿Dos teloneros? ¿Para Adler’s Appetite? ¿Un jueves? Parece un poco excesivo, pero les daremos un voto de confianza. Comienzan descargando una acelerada versión del ‘We Will Rock You’ de Queen, tras la cual continúan con un repertorio basado en temas propios. Actitud no les falta, desde luego, sobre todo al vocalista, quien lleva las riendas de la banda apoyándose en una potente y versátil voz. De técnica parece que tampoco van mal servidos, pero las canciones se nos van haciendo cada vez más monótonas, y es que no hay un estribillo que se nos grabe en la memoria, ni un riff que nos incite a bailar sin control. Es curioso como un grupo al que podría calificar de bueno sin demasiado riesgo a equivocarme, pueda llegar a aburrirme de semejante manera. Mi mente se evade del lugar y me lleva por innumerables derroteros que poco o nada tienen que ver con Knock Out Kaine. Hasta que no han acabado los cerca de 45 minutos de repertorio no consigo volver a centrar mis sentidos en el momento y lugar en el que me encuentro.

 

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   La hora nos indica ya el cambio de día cuando al fin un sonriente Steven Adler se sube al escenario rodeado de su buena cuadrilla y los aplausos de una sala casi llena inundan el lugar. Volvemos atrás en el tiempo, más aún, y tras unos Gansos Rosas centrados en los últimos discos de Guns’n Roses, ADLER’S APPETITE van desgranando los primeros temas de la banda californiana, pertenecientes a los dos discos en los que participó Mr. Adler, «Appetite for Destruction» y «Lies». El público enloquece con ‘Nightrain’, ‘My Michelle’, ‘Mr. Bownstone’, ‘Rocket Queen’, mientras el quinteto descarga toda su energía. Rick Stitch a las voces da la talla con creces, aunque en ciertas ocasiones, pasada la mitad del concierto, denote cierto cansancio. Michael Thomas (Faster Pussycat) desempeña un gran papel a las seis cuerdas, aunque de cerca le sigue su compañero, del que desconozco nombre y procedencia pues no era el Alex Grossi (Quiet Riot) que normalmente acompaña a la banda como segundo guitarra. Mención especial haré de un Chip Z’Nuff (Enuff Znuff) que, a pesar su extravagante atuendo, a destacar las enormes gafas estilo «hormiga atómica», llamaba la atención por su enorme calidad a pesar de no estar en primer plano en ningún momento. Sonaron algunos temas propios de la banda, muy al estilo del resto de composiciones que se estaban sucediendo y de no menor efectividad. Terminan el repertorio con ‘Sweet Child O’Mine’, descansan unos minutos y comienza la locura final. ‘Paradise City’ y ‘Welcome to the Jungle’ consiguen que se monte un pogo en las primeras filas digno de festival multitudinario (aunque en su correspondiente proporción, claro está). El espectáculo llega a su fin, Steven se levanta para saludar al público y chocar toda mano que se le acerque. No ha parado en todo el concierto, se le ve pletórico. Aplausos y silbidos. Todos parecen sonreir, tanto encima como frente al escenario. Casi la una y media de la madrugada, a muchos de los presentes les pesará el madrugón del viernes, pero parece que la satisfacción es generalizada.

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   Me quedo con la misma sensación que hace varios años, cuando vi a esta banda por primera vez en la sala Heineken (si la memoria no me falla), que sin ser Guns’n Roses, sin estar en los años ’80, sin tener a Axl junto al micrófono, y sin ser el propio Steven un portento de la percusión, consiguen rescatar esos temas que a estas alturas ya se han convertido en inmortales y traerlos a la actualidad con toda su fuerza. Es tarde, por momentos creí que el sueño podría conmigo, pero tras cuatro horas y media de concierto salgo del concierto con el ritmillo metido en el cuerpo. Llego a casa, me meto en la cama y aún sigo tarareando ese «Take me down to the Paradise City…» cuando por fin consigo conciliar el sueño…

 

Fotos : -IVN-     

Texto: M.Jones  


 

 

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