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Tracklist: 01. It´s Dirt 02. Oh! Warsaw 03. Sow the Roses 04. Rude Perfume 05. Colour of the Fire 06. Where Mermaids Sing Loud 07. No Way Back Home 08. Hail While She Leaves 09. Take a Seat on the Moon 10. Saviours 11. Sandstorm
Miembros: Daniel Triñanes: Guitarras TJony Moreno: Voz y guitarra acústica Andoni Ortiz Domingo: Batería Oscar Gil: Teclados, sintetizadores José Javier Manzanedo: Bajo Asier Fernández: Guitarra eléctrica y acústica
Myspace
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Una extensa It´s Dirt abre el plano auditivo, y la fórmula [bajo electrónico + trompeta] es una adecuada propuesta para empezar a desinhibirse. Ponemos rumbo a Ítaca, ese lugar mítico que nos genera escepticismo, por ser cognoscible y a la vez inalcanzable. La patria onírica, eternamente, en un status quaestionis. “Con las raíces en el sur y las ramas hacia el norte” dice alguna canción, y la incertidumbre, tan lírica como existencial, de qué estamos buscando, es la voz dominante de este proyecto.
La sencillez de Soulbreaker Company es una incongruencia singular, ya que con semejante nombre, “rompealmas”, sin embargo, no pretende ser epatante, especialmente, en las melodías de voz, imbuidas en tramas melódicas muy concretas, con el abrazo del logos y el mitos, el respeto a los aforismos que el género le permite, con un resultado que proviene de la conjunción de muchas pequeñas canciones. En algún que otro éxtasis, se unifican los instrumentos, y todos, a coro, relatan este viaje, a través de las estrellas, hacia las profundidades púrpuras.
Pasarán los siglos, evolucionarán los géneros de expresión humana, pero seguiremos buscando nuestra Ítaca, igual que el poeta moderno Konstantínos Kaváfis, aconsejando:
Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca
debes rogar que el viaje sea largo,
lleno de peripecias, lleno de experiencias.
No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,
ni la cólera del airado Poseidón.
Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta
si tu pensamiento es elevado, si una exquisita
emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.
Porque el ser humano siempre estará buscando fuera algo que debe encontrar dentro, y, cómo no, en la música esta quimera es sabiamente intuida por los instrumentos, como el saxofón de Kike Guzmán, que desentrañan mismamente los colores del fuego. Un fichaje muy inteligente por parte del conjunto vasco, cuya puesta en vivo, estoy convencido, resultará más provechosa y compartida que cualquier escucha encerrada.
Soulbreaker explora y retorna, en una estabilidad cíclica, con la nota prima como punto de apoyo, perpetuamente, como el que pide perdón por ser bondadoso, el ensayo y error del niño, el ¿se lo digo? ¿Salto al abismo? ¿Por qué no explorar un nuevo mundo? ¿Por qué desoír a las sirenas?
A veces al rock se le puede reprochar que formalmente está constituido por “tres acordes”, pero ¿y qué hubiera cambiado si fueran cuatro? La historia es música, y la música es historia. Tal vez amparados en ese ambiguo silogismo, Ítaca inspira.
Rubén G. Herrera
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