Seré directo;
Metal Salvaje es la recreación en un estereotipo en el que el oyente en todo momento permanece confuso, dudando de si es una broma pesada o todo va realmente en serio. Títulos como
El cogollo maldito,
Satanases 666 o cortes de pocos segundos que nos dejan con cara de poker como
Ni (referencia a los Monty Phyton) o entonar un
Acho a grito pelado (ese célebre coloquialismo de la España meridional), nos sumergen en
un mar de confusión sobre si su música es para el consumo y distracción, o es un simple recurso autocrítico vacío. En cualquier caso, Semilla Animal necesita cocer a fuego lento su música y estilo, verificar que lo que hacen es
coherente para un público, y no solo para ellos mismos.
Durante todo el margen de tiempo en que se extiende Metal Salvaje, apenas se aprecian cambios significativos: se trata de un disco contundente y agresivo, en cuya portada ya nos advierte un logo de “Parental Advisory” por sus explícitas letras, también algo toscas (“el farsante subnormal, ignorante, eres un anormal”, o los pasajes sobre torturas y violencia, sobre los cuales dudo que estén atravesados por un prisma de ironía o por segundas lecturas con algún tipo de crítica social.
Como un cañón de energía inagotable desaprovechado, Semilla Animal necesita reencontrarse consigo mismo y aprovechar mejor los esfuerzos de un proyecto que, según su myspace, ya cuenta con doce años de experiencia. Efectivamente, como su propio nombre refleja y su sonido amniótico infunda, se trata de una banda en estado embrionario de algo que pretende mostrar… ¿la naturalidad agresiva del ser humano? Probablemente todavía quedan muchos teen que disfrutarán sus canciones como un ejercicio del spleen. Para los que hemos crecido, no cuela.