KAMELOT «Poetry For The Poisoned» 2010 – Edel

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KAMELOT
«Poetry For The Poisoned»
2010 – EarMusic Edel

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Tracklist:
01. The Great Pandemonium
02. If Tomorrow Came
03. Dear Editor
04. The Zodiac
05. Hunter´s Season
06. House In A Hill
07. Necropolis
08. My Train Of Thoughts
09. Seal Of Woven Years
10. Incubus (PFTP I)
11. So Long (PFTP II)
12. All Is Over (PFTP III)
13. Dissection (PFTP IV)
14. Once Upon A Time

Miembros:
Roy Khan (Voz)
T. Youngblood (Guitarras)
C. Grillo (Batería)
Sean Tibbets (Bajo)
Oliver Palotai (Teclados)

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Myspace

Se trata de uno de los discos más esperados del año. Tras «Ghost Opera» han sido tres años de sequía discográfica para Kamelot y somos muchos los que esperábamos con ansia los nuevos temas. A grandes rasgos, puedo adelantar que es un disco mejor que su predecesor; más inspirado. Con un sonido lleno de ferocidad y delicadeza, según la situación lo requiera. Oscuro y teatral como su disco anterior, pero con mucho mayor equilibrio entre las canciones.
Instrumentalmente todos sus miembros lo bordan y Khan parece rejuvenecer algunos discos demostrando una vez más su polifacética personalidad como cantante. Hay canciones que se quedan grabadas en su primera escucha y otras que precisan más audiciones pero, en conjunto -y con permiso de obras maestras como «The Black Halo» o «Epica»-, el mejor disco de Kamelot para el sentido musical que pretenden. Es evidente y no voy a descubrir que su faceta más «happy» con ‘Center of The Universe’ o ‘The Fourth Legacy’ está pasada y que el universo musical de Kamelot es ahora mucho más amplio y tendente a consegir otro tipo de objetivos. Pues bien, gustos aparte, en la consecución de estos objetivos, esta vez Kamelot lo han conseguido en mayor medida que en la senda que comenzaron con «Ghost Opera».

Analizaré, una por una, las canciones que componen «Poetry For The Poisoned»:

‘The Great Pandemonium’ es el primer single del álbum (para el que ya se ha estrenado videoclip) y el primer corte del mismo. Una canción del estilo ‘Rule The World’ o ‘March of Mephisto’; más rápida y agresiva que las anteriores (la tónica general del disco está marcada por unas cargadas e increíblemente elegantes orquestaciones de la mano de Sascha Paeth y Miro, sus productores habituales). Khan profundiza en su faceta más tétrica con susurros iniciales y recitación de las estrofas que dan paso a un estribillo melódico y pegadizo. Mucha electrónica y un hipnotizante riff inicialde bajo, además de la voz de B. Strid (Soilwork), recordando a cómo Sagrath (Dimmu Borgir) gritó hace un par de discos.

El segundo tema, ‘If Tomorrow Came’ comienza frenéticamente con una apuesta clara sobre los sintetizadores. Con reminiscencias a ‘When The Lights Are Down’, sus sombrías estrofas dan paso a un festivo estribillo, fresco e inesperado, que le hace ganar puntos. Aun así, en su conjunto, no quedará como un clásico del grupo, aunque el nivel sonoro y los arreglos sí que estén a la altura.

‘Dear Editor’ es el interludio del disco. Parece ser la introducción del siguiente corte. Mezcla embarullada de sonidos y una inquietante voz que lee una carta dan paso a ‘The Zodiac’. En ella, dueto entre J. Oliva y Khan. A los seguidores de Avantasia les podrá a sonar a lo que ya hizo Alice Cooper en aquel ‘The Toy Naster’. Un medio tiempo sobrio donde la mano productora de S. Paeth se deja notar y que tiene el aliciente de escuchar los dobles juegos vocales de los cantantes. Lo mejor: su riff principal que queda reiteradamente expuesto en la melodía de los estribillos.

‘The Hunter Season’ es una de las mejores canciones de PFTP y de la carrera del grupo, a mi entender. Ya ha sido tocada por el grupo en el Pandemonium Over Europe Tour de este pasado año, con dedicatoria especial para la madre del guitarrista Thomas Youngblood, recientemente fallecida. Esta canción alterna el cariz más progresivo de los antiguos Kamelot (sobresaliente el trabajo de Grillo y Palotai en las bases de percusión y sintetizadores) con la épica de éxitos como ‘Forever’ o ‘Soul Society’ en el estribillo. Sin duda, una obra muy sentida y con unas letras profundamente condicionadas por la situación a la que he hecho alusión. Como novedad en el sonido del grupo, se aprecian unas casi nunca utilizadas bases hardrockeras durante el solo -quizá un contraste demasiado brusco-, marca de la casa del colaborador Gus G. (Ozzy Osbourne, Firewind).

La balada del disco es ‘House On A Hill’; un nuevo dúo con S. Simmons (Epica) como ya hiciera en ‘The Haunting’ o en ‘Blücher’. No es una balada usual en Kamelot. Es brillante que, aun inmersa en el concepto de la suavidad propia de estas canciones, no tenga nada que ver ni con ‘Anthem’, ni con ‘Abandoned’ ni con ‘Wander’ -por poner algunos ejemplos-. El solo final de Thomas con guitarra acústica suena de maravilla en conjunción con la distorsión y la orquestación de fondo.

‘Necropolis’, como reza su título, es decadente, oscura y grandilocuente. Quizá uno de los temas donde mejor se aprecien los depurados sonidos de las guitarras más graves al unísono con la percusión y el bajo de Sean Tibbets (su primer trabajo en estudio desde la vuelta al grupo), que ha clavado cada una de sus partes.
Mi tema favorito del disco, hasta ahora, es ‘My Train of Thoughts’ (¿tendrá el título algo que ver con el disco de Dream Theater?). Combina lo mejor de Ghost Opera -unas guitarras industriales y pianos melodramáticos a lo ‘Human Stain’- pero con una riqueza de matices vocales más acentuada. De estructura simple, su estribillo llega muy pronto y destaca por su contundencia y pegada. Inspirado puente y cargada de feeling de principio a fin.
‘Seal Of Woven Years», noveno del álbum, prometía más en su versión sampleada -la que yo pude escuchar, al menos-. Un inicio oriental con toques musicales del estilo «new age» y la preciosa voz de Khan entonando sus notas más agudas dan paso a lo que en principio parece una canción puramente orquestal y muy heavy. En cuanto entran las estrofas, la variación estilística nos recuerda a los primeros tiempos de la banda (Dominion, Eternity…), con unas líneas vocales claramente progresivas como hacía años que no se escuchaban en la música de Kamelot. Suena más a Conception que a los propios Kamelot; eso sí, la canción viene adornada con las mejores atmósferas de PFTP, si bien se hace algo densa en sus primeras escuchas.

El tema más largo de la banda hasta la fecha es el que da nombre al disco: ‘Poetry For The Poisoned». Se divide en cuatro actos (algo que no practicaban desde aquel ‘Elizabeth’ de «Karma») donde Roy Khany Simmone Simons entablan un apasionante duelo vocal. Una composición magnífica de principio a fin, con momentos épicos que versan sobre el vampirismo y el paso del tiempo (Part, II: ‘So long’, en especial). Roy vuelve a tonos agudos que no escuchábamos desde «The Fourth Legacy» y la polifonía entre las dos voces principales y el coro destacan sobre unas sólidas bases. Los casi diez minutos de PFTP discurren entre pasajes melódicos a lo ‘Abandoned’ que se entremezclan con ritmos arábigos para desembocar en un desenlace demencial, obra de Oliver P. Con este tema, Kamelot vuelven a la complejidad y teatralización de Memento Mori.

‘Once Upon A Time’ es, de principio a fin, un corte de power metal. Sin perjuicio de utilizar demasiadas referencias a su discografía, me remito a ‘Snow’ o ‘Serenade’ para calificarlo, pues los seguidores del grupo que todavía no hayan escuchado el disco se podrán hacer más fácilmente a la idea de cómo suena. Arrollador riff inicial de teclado y unas líneas inconfundiblemente Kamelotianas que sirven de puente para un estribillo lleno de energía y mucho, mucho doble bombo. En la versión japonesa de PFTP se incluye ‘Thespian Drama’, un corte instrumental con influencias neoclásicas, que los noruego-americanos vienen interpretando en su gira más reciente.

Como conclusión, creo objetivo reiterar que estamos ante un disco mucho mejor que su antecesor: «Ghost Opera». Que sigue la línea orquestal y moderna de éste, pero llevada a cabo de un modo mucho más efectivo en todas sus canciones. Hay variedad estilística dentro del panorama global del álbum (algo de power metal ,rock melódico, industrial, gótico y tintes progresivos); un Roy Khan cuya voz tiene más matices que nunca y conserva la elegancia de siempre y un sonido que está a unos niveles más altos que cualquiera de sus obras anteriores (como cabría esperar, por la madurez musical de sus integrantes y, por qué no decirlo, los medios utilizados y los gastos en los que la banda puede ahora embarcarse en sus grabaciones).

Si tuviera que puntuarlo sobre la calidad de Kamelot y a GHost Opera le diese un 8; PFTP tendría un 9. Evidentemente no podemos enjuiciarlo con los mismos parámetros que a un grupo de segunda, en cuyo caso obtendría la mejor puntuación posible.

José A. Benavente