El Guitarrista de Hamelín.
El pasado jueves 18 de Octubre no será fácil de olvidar para los amantes de la guitarra. De ello se encargaron Ned Evett and Triple Double y, en especial, Joe Satriani y su banda.
Todo empezó a eso de las 9 de la noche, cuando Ned Evett subió al escenario a meterse al público en el bolsillo desde el minuto uno. Un cariñoso “Te estimo Madrid” y un potente arranque de concierto fueron su tarjeta de bienvenida. El músico y gran cantante sorprendió a todos con su Fingerprints. En pocos segundos comenzó su recital de agudos y demostró que con muy pocos instrumentos y una buena voz se pueden hacer cosas interesantes. Su mezcla de estilos, su buen gusto, y la velocidad a la que recorría el mástil abrieron el panorama de sonidos. Una precuela exquisita para los allí presentes.
Su versión del tema de Leonard Cohen Hallelujah consiguió emocionar y arranco algunos canticos entre el público. Su técnica para tocar sin púa iba abriendo boca y marcando el camino para un final de concierto potente. Un desgarro al ambiente con una distorsión que transmitía la garra, fuerza y pasión que pone en sus actuaciones. Su gran carisma consiguió crear una hispa en el ambiente mientras su banda le seguía con gran precisión. Cuando un bajista sonríe es que las cosas están saliendo bien.
Se hizo un poco corta su actuación, pero es que había que dejar paso a nada más y nada menos que Joe Satriani. La espera había terminado y La Riviera se convirtió en una caja mágica de color azul. El público estaba expectante. En unos segundos la banda ya se había situado en el escenario y había arrancado Ice 9. Un despegue atronador, limpio, con fuerza. Todo el mundo se alegro de ver al Satriani de siempre. Sin pelo y con su indumentaria habitual: camiseta y gafas de sol. Se nota que los años le han sentado bien.
Al ya gran guitarrista que es hay que sumarle toda la experiencia acumulada, un saber hacer que muy pocos guitarristas de hoy en día pueden presumir de tener. Los viejos temas incluían ciertas improvisaciones que los hacían más interesantes. Los temas nuevos reflejan que Satriani no tiene nada que demostrar a nadie y esa madurez se nota. La formula es la misma de siempre: una base rítmica pegadiza y el maestro dirigiendo el tema con sus solos y arreglos, pero con una calma y una paciencia a la hora de componer que se agradece.
Flying in a blue dream fue un espectáculo nota a nota. War fue un despliegue técnico. Y así, nota a nota, casi sin darnos cuenta, la Riviera se iba llenando de Satriani, de un ambiente mágico y envolvente que iba cambiando de temática a la voluntad del guitarrista: rápido, cauto, armónico… a veces se acoplaba a la banda, a veces buscaba el contraste de los agudos con los graves del bajo y el bombo. Los temas Premonition, Satch Boogie, Revelation y Crystal planet iban sonando y requiriendo la atención del público. Siempre había algún sonido, algún detalle en su guitarra que valía la pena seguir. Incluso cuando el resto de la banda dejaba de tocar la tensión no decaía.
Si alguien buscaba algo diferente en Satriani solo tuvo que esperar a que tocara su tema Andalusia, a partir de aquí el concierto se lleno de misticismo, de himnos y de canciones que no podían faltar: Why, Always with me, Big bad moon… Ni siquiera hacían falta los bises, el trabajo estaba hecho. Aun así nos regalaron Crowd Chant y cerraron concierto con Summer Song. Se puede tocar diferente pero no mejor.
Texto: Ángel Díaz
Fotos: IVN











