Llegamos a la Sala Caracol poco antes de las 21:00 horas y nos encontramos que es el propio Iratxo el que está recibiendo a los más “madrugadores”.
Él mismo es el que nos da paso en la puerta, cruza unas frases agradables con los que vamos entrando y nos dice que nos lo pasemos bien. Pocas veces es el propio músico el que está en la entrada dirigiéndose con tanta naturalidad a su público y la verdad es que se agradece.
Pantalones verde Lavapiés
Nos da pues la bienvenida el sevillano afincado en Madrid, con sus eternos pantalones verdes y una sonrisa, y entramos a la sala dispuestos a dejarnos sorprender con el dúo de teloneros que le acompañan esta noche. Dos grupos de muy distinto estilo: Salsola y La Raíz.
A las 21:05 se abre el telón del escenario (literalmente) y empieza a tocar Salsola, tan sólo cinco minutos después de la apertura de puertas. Es un grupo relativamente joven, con apenas dos años de vida, con un estilo que mezcla el indie, los ritmos orientales y el folk-fusión indescriptible, que sólo se puede disfrutar escuchándolo. Dan comienzo al concierto con lo que ellos llaman Trance. Todos los temas que tocan incluyen una gran variedad de ritmos e instrumentos: vientos, eléctrica, un tipo de banjo de la India… Precisamente en el primer tema cantan en hebreo y añaden a la letra un mantra indio.
Después continúan con su peculiar estilo, mezclando ritmos eléctricos y orientales, voz en español y hasta baile hindú del cantante principal. El saxo se lo presta Iratxo. Tocan en total otras cuatro canciones, de una duración mayor a cinco minutos, que incluyen No siempre más es lo bueno y Circulitos. A pesar de su estilo totalmente distinto al del anfitrión (Iratxo), la sala se va llenando. Son melodías tranquilas y apacibles. Empiezan con apenas una docena de personas que se multiplican rápidamente, y los integrantes nos aseguran que están muy satisfechos y que “nunca habían tocado ante tanta gente”. Tienen otro concierto, así que tras media hora dejan paso a La Raíz y se van a hacer el doblete.
El incremento de personas en la sala se debe, sin duda, a este segundo telonero. La sala está ya casi llena. Está claro que La Raíz, de un estilo totalmente distinto al de Salsola y aún muy diferente del de Iratxo, tiene su propio público. Abundan personas que han venido a verles a ellos, con camisetas del grupo y sabiéndose sus letras. Tienen unos seguidores característicos, que no obstante también han venido a disfrutar de Iratxo. Algunos vienen de fuera de Madrid.
El grupo gandiense comienza pisando fuerte: son una mezcla de estilos que pasan desde el ska, al reggae para beber también del rap y del rock (DJ, eléctrica, vientos, etc.). A las 21:45 estalla la sala con su primer tema: Obediencia Ciega. Son muchos integrantes, se turnan cantando y a veces lo hacen con una potente voz de grupo. La gente se anima a bailar pogo con la cantidad de canciones que se van sucediendo: El lado de los rebeldes (nombre también de su nuevo trabajo), Noches en Babylon… Llenan la sala de energía vibrante e interactúan con el público. Han hecho que los que escuchamos nos vengamos arriba. Ritmos frenéticos y potentes que invitan a bailar, letras reivindicativas…
Acaban puño en alto, con un tema crítico con España, su clásico Zarzuela y Castañuela. Se despiden, muy agradecidos, tras casi tres cuarto de hora de concierto. Para muchos ha sido el gran descubrimiento del concierto. Tanto Salsola como La Raíz cuelgan gratuitamente sus contenidos en la Red.
Lo mismo sucede con el duende (significado de Iratxo en vasco), que sale poco antes de las doce de la noche a hacer lo suyo, tras la novedad de ponernos su videoclip mientras el grupo se acicalaba y el escenario se ponía a punto. La sala ya está a rebosar. Tal y como se oía al poco público del principio, cuando empezaba Salsola y la afluencia era menor: “No hay de qué preocuparse, Iratxo siempre llena”. Sale, además, con la camiseta de uno de los grupos que le dio a conocer: Gritando en Silencio, con los que ha tocado anteriormente. Un detallazo, no nos vamos a engañar.
El cantante ha renovado a su plantilla en este 2011: ahora nos encontramos a Kimi y Mafi a la batería, Sócrates López es el guitarra, los vientos Fran Mangas y Marcos Ortega, Busti y Saul al bajo, y coros a cargo de Sandra Monton. Empiezan con el tema que lleva el nombre del propio grupo, Iratxo (del segundo disco) y siguen con un clásico del primer álbum, Los colores del Arlequín y con Aurora (también del segundo álbum). Es una manera suave de comenzar el concierto. Iratxo es un grupo muy dado a la fusión de ritmos: Rock, Rumba, Ska… y su repertorio denota esta variedad. No es hasta el cuarto tema que empiezan los vientos y se anima la gente a bailar: Luna Llena, del nuevo disco. Iratxo lleva casi todo el año promocionando su tercer disco, Arando Vertederos, así que no puede sorprendernos que gran parte de los temas del concierto sean de este álbum.
Ya sin camiseta, y tras una frase que sabe que ha gestado un público fiel: “volvemos a vernos las caras”, continúa el duende tocando temas: No me da la gana, Ni soles ni lunas… Son todos temas de su último álbum. La gente está pintándose la cara por doquier, aparentemente, y los que no lo hacen, disfrutan de un sano pogo. El concierto lleva un ritmo suave y se produce un inciso para cambiar algún miembro del grupo, momento en que Iratxo aprovecha para arrancarse con un chiste que hace reír a la sala. Sabe como entretenernos, eso seguro. Tras un tema más antiguo, Mírame, vuelve a su nuevo trabajo: Mala vida y La tierra que te vio nacer. El cantante aprovecha en esta parte del concierto para hacer una intervención animando a los que “están sin pasta” a bajarse su música (aunque pide también donaciones porque “cuesta la vida”) y para criticar a Esperanza Aguirre por una reciente prohibición en la capital de dar de comer a animales. La gente le interrumpe aplaudiendo y finge indignarse Iratxo: “No he acabado. ¡Encima la aplauden!”. Más risas.
Lo cierto es que la primera parte del concierto deja un sabor de boca con sensaciones mezcladas. Los que estuvimos viendo a Iratxo en el último Aupa Lumbreiras, fielmente y bajo unas circunstancias mil veces peores (prácticamente un tifón caía sobre el público a la intemperie) sabemos que puede hacerlo mejor. Aparte de la relativa suavidad, supongo que el que te haya gustado lo que ha estado tocando depende de si te gusta su nuevo trabajo o no, pues ha introducido gran cantidad de canciones de Arando Vertederos. Pero Iratxo sabe tratar bien a su público y hacer que se lo pasen bien, eso seguro y lo empieza a demostrar.

Un apaño y el concierto sigue: es el turno de No es la primera vez y ya entramos en la artillería pesada, mientras la gente ruge: “¡Marihuana!”.
A partir de aquí el concierto mejora de forma exponencial con los bailes cada vez más frenéticos. Suenan las canciones más conocidas: Fuera (una de las más emblemáticas del nuevo álbum) y Un mundo loco, un tema “de toda la vida” que se esperaba. La locura se ha desatado y la gente recrudece el pogo. Se separan por orden de Iratxo unos metros del escenario, hacia atrás, y vuelven corriendo a él. Nos refrescan con agua hasta que quedamos empapados. Iratxo nos provee con docenas de botellas de agua (no exagero) a nuestra petición. Otro detalle.
Por fin el concierto se vuelve de matrícula, entra en su recta final como si fuera otro distinto. Suena Lavapiés, como no podía ser menos estando a unos cientos de metros del barrio de Iratxo. Luego van Quiero más y De una tacada. Iratxo para un momento para reconocer que ha sido un concierto complicado y para devolver una cartera. También hace una referencia clara de apoyo al 15-M: “Nos vemos en las plazas, las calles o donde sea, aunque hayan ganado estos” y se caga en todos los políticos de la escena actual antes de darle a la gente El aire que da la vida.
Los que escuchamos sabemos que viene el final: La Madrugá con “la voz” de Sandra y acaba con Al carajo pico y pala. Es un final de locura, apoteósico, donde la gente lo da todo en una danza de codos irresistible: la olla del pogo termina de cocer y el concierto c’est fini tras algo más de hora y media. Es la 1:30 de la mañana y el concierto, aunque ha tenido dificultades y un arranque difícil (y hemos echado de menas algún tema más reivindicativo como Ocupación), se ha transformado radicalmente en la última parte. Ninguna queja por nuestra parte, al contrario: buena sala, teloneros descubrimiento y público entregado.
Iratxo sabe tratar de tú a tú a los suyos, se moja donde se tiene que mojar y no cabe más que desearle suerte. ¡Y que nos veamos en las plazas!
Fotos: Sara Estarás
Texto: Javier Sanders

