Redactor y fotógrafo: Iván Díaz
GARDEN OF DELIGHTS + LAUDANO
14 – Junio – 2008
Sala Ritmo y Compás (Madrid)
El ocaso llegaba de nuevo a nuestra querida ciudad de Madrid. Un popular evento deportivo había sido motivo de celebración entre la mayoría de los gatos, callejeros u hogareños, y se respiraba un aire de euforia y optimismo. Pero mientras la luz de Hêlios se iba apagando, una tétrica presencia dejó notarse entre aquellos afines a las criaturas de la noche. Garden of Delights, la banda alemana que nació a principio de los noventa con el firme propósito de dar a luz a siete álbumes en siete años y que posteriormente decidiera continuar su dominio del Reino de lo Gótico, iba a dejar su particular huella en la antaño denominada Magerit.
Pero algo iba mal. Las puertas del templo de lo oculto no se abrieron a la hora señalada por retrasos en la preparación de la ceremonia y, como consecuencia, crucifijos, trajes largos de negro, sotanas, gabardinas de cuero, rostros lívidos y ojos ensangrentados tuvieron que soportar desguarecidos los últimos rayos del inclemente sol.
Sin embargo, todo tiene su fin y, finalmente, los pocos fieles allí congregados pudimos entrar para saciar nuestra sed, que no de sangre sino de buena cerveza, mientras esperábamos a que se iniciara el ritual. Un mal presentimiento rondaba la mente de algunos de los presentes al percatarse de la ausencia de batería en el escenario… en un concierto de rock.
Los riojanos Láudano fueron los responsables de iniciar el ritual. El láudano es un derivado del opio utilizado para fines medicinales en el siglo XIX para aliviar los dolores y provocar somnolencia. Autodefinidos como rock-neoclásico-sinfónico, Roberto Santos, Mónica Camarero y Alberto Díaz fueron entrando teatralmente en escena, vistosamente ataviados y arropados por una grabación con cantos corales y arreglos orquestales. Y eso fue quizás lo mejor de una pobre actuación. Sin batería, Mónica era la responsable de disparar secuencias y arreglos pregrabados que incluían coros, cuerdas, vientos, pianos, teclados, efectos y unas percusiones de baja calidad que dificultaban la labor de Roberto al bajo quien tampoco tuvo su mejor momento al lidiar con una acústica que trasteaba ruidosamente. Al otro lado, Alberto daba un mejor trato a su elegante Gibson, pero su voz sonó insegura y desafinada a veces. A un excesivo uso de notas de aproximación añadía una deficiente dicción que hacía ininteligible el mensaje de sus letras. Mucho trabajo les queda por delante a esta banda para llegar a ofrecer un buen espectáculo en vivo.
Bajó el telón y fueron llegando a Ritmo y Compás más de amantes de lo tenebroso pero apenas alcanzando el centenar de almas. Le llegaba el turno al único concierto de Garden of Delights en España. Hasta tres cuartos de vuelta de la manecilla larga hubo que esperar a que se realizara el cambio de set-line mientras los susurros volaban en el aire transportando la inquietud de aquellos que se percataban de que no se microfoneaba ninguna batería ni se traía ningún amplificador al escenario. ¿Por qué tardaban tanto entonces? De pronto se apagaron las luces y una terrorífica sinfonía anunció la llegada de los componentes de G.o.D. que, ataviados de sencillo cuero negro, fueron agarrando sus instrumentos de tortura. No había batería, no había amplificadores, tampoco escenografía mas allá del llamativo pie de micrófono, dos guitarras, un bajo y un cantante todos conectados por línea. Pero los temas empezaron a sonar con contundencia, otra vez con las baterías, ahora de mejor calidad, y los teclados pregrabados. La voz de Artaud Seth sonaba poderosa pero tremendamente desafinada en las melodías más graves mientras que Jawa Seth hacía un papel discreto a las cuatro cuerdas.
La actuación quedaba sostenida únicamente con un buen trabajo rítmico, si bien erraron estrepitosamente en el único solo, de las guitarras que sacaban un destacable partido a los P.O.D. aunque seguramente hubieran gozado de mayor pegada con un buen par de amplificadores de válvulas. A pesar de todo parece que buena parte de sus seguidores disfrutaron e incluso solicitaron un bis que resultó bastante extenso y potente. Hasta cinco canciones más les regalaron antes de desaparecer en la niebla, dando muchos argumentos a aquellos que defienden que hay buenos proyectos de estudio que no son aptos para presentarse en directo. En este caso, quizás lo hubieran resuelto incorporando dos miembros: batería y teclados. El porqué no lo hacen, solo ellos lo saben, pero le hacen flaco favor a aquellos que pagan una entrada para verles.







