Para abrir la noche, la banda nacional SURU, acreedora de ese puesto a través de un concurso llevado a cabo por la propia banda para elegir sus teloneros en esta gira europea. Es probable que por esta razón la banda se presentara por un lado con mucha ilusión y actitud, pero por otro con un nerviosismo del que se sabe en una labor que quizás todavía le viene un poco grande. Buena ejecución de los temas, pero algo de frialdad en algunos de los miembros, más preocupados de encajar a la perfección cada nota de los riffs que de entrar en comunión con el público. Pero al fin y al cabo eso son tablas, y se gana con el tiempo. Actuación por tanto notable de los de Guadalajara.
A continuación, el turno de los finlandeses INSOMNIUM. La propuesta más densa y «pesada» de la noche en cuanto a tempo se refiere no tardó en calar entre los asistentes. Eso unido a una actitud tremendamente positiva de los músicos y a un sonido bastante decente, desembocó en una actuación más que notable. Como suele ser norma en las bandas procedentes del norte, ejecución perfecta y contundente. Por ponerle algún pero, los temas se hacían algo largos y hacia el final del concierto eso provocó cierta sensación de hastío entre una parte del respetable que ya estaba ansioso de ver a la banda principal.
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Con algo más de veinte minutos de cambio de backline y a eso de las 21:15 de la noche, salía por fin los suecos a escena. Y el espectáculo al que asistimos durante casi dos horas de show fue sencillamente sensacional. Y es que no se trató de un concierto al uso. Un actuación de DARK TRANQUILLITY es un espectáculo audiovisual en toda regla, en el que tienen casi el mismo peso que las canciones las proyecciones que ilustran, acompasadas con la música, cada uno de los temas. Ilustran a la perfección un concepto musical oscuro, intimista, salvaje y poético a la vez, abstracto y confuso, profundo y doloroso, y sobre todo intenso a más no poder. Para quedarse con la boca abierta durante toda la actuación.
Abrieron con «At the point of Ignition» y desde los primeros compases la banda se volcó con un público entregado, con un Mikael Stanne pletórico y sonriente. Cuando una banda disfruta con lo que hace y se lo pasa bien en un escenario, y no es sólo una simple pose, eso se nota, y la gente lo siente. En este concierto hubo una comunión perfecta entre banda y público. Más no se puede pedir por ninguna de las dos partes. Temas como el clásico «The Gallery» o «Haven» pusieron la sala literalmente patas arriba.
Técnicamente no se pudo pedir nada más. El sonido más que decente (tratándose además de la sala Heineken) y la ejecución magistral. Y me quedo corto. Magistral hasta el punto de tener el concierto sincronizado a la perfección con todas y cada una de las proyecciones, teniendo su momento álgido en el single «Shadow in our Blood», en el que la banda ejecutó el tema con el videoclip proyectado a sus espaldas, en un alarde de técnica y tablas, haciendo coincidir cada nota, cada golpe de plato, cada grito, dejándonos a todos con la boca abierta.
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Después de una hora y media, la banda se despide para volver aclamada en unos bises que terminan de levantar la sala con la mítica Therein y la novedosa «Terminus (Where Deah is Most Alive)».
Y así terminó una noche de conciertos memorable que permanecerá en la retina de sus asistentes durante muchísimo tiempo, pues no es nada fácil de superar el espectáculo que nos ofrecieron los Suecos en la capital. Bendita Oscuridad.
Texto y fotos: Javier Bragado













