El concierto de la noche del día 23 de noviembre de 2013 fue la última vez que vimos a Barricada en directo. Fue el 1 de octubre cuando la banda anunció oficialmente su último concierto, del cual agotaron entradas tan pronto como se pusieron a la venta, en sólo cuatro horas. Se programó una nueva fecha, una semana antes de la mencionada. Ante un nuevo ‘sold out’, también en tiempo record, la banda decidió aprovechar aún más, no como una estrategia premeditada, sino sorprendidos, en su eterna humildad, por la acogida nacional que esta despedida estaba teniendo, y ofrecer un concierto el día 22, el día antes de la despedida final, valga la redundancia.
Todo este preámbulo de fechas, prisas y expectativas no significa que la despedida de los Barri fuese inesperada. Los más acérrimos seguidores ya podían imaginar que, tras 31 años, un disco de diamante, millones de discos vendidos, y sobre todo, la separación de su principal icono, Enrique Villarreal Armendariz “El Drogas”, la excitación colectiva había empezado a flaquear. En todo este tiempo han podido verse las mil caras de Barricada a través de una increíble trayectoria evolutiva; desde el punk vasco al hard-rock, pasando por el heavy o el rock urbano. Una banda que ha sabido en todo momento reflejar las vicisitudes políticas de este país, los conflictos de la juventud, las contrariedades de la posmodernidad, o, más tarde, la madurez del rock más solidario o comprometido… porque estos músicos han sentido en sus carnes buena parte de esas mismas dolencias de nuestra difícil sociedad. Reflejos todos que no han recibido medallas al mérito. Ningún premio oficial para uno de los agentes más importantes de la nuestra cultura (salvo una fugaz candidatura al Premio Príncipe de Viana de la Cultura). De un modo u otro, el título simbólico que nosotros nos guardaremos en el corazón es el de mejor banda de rock en español que recordamos. Así pues, tras la anunciación de esta despedida, nuestras flechas cardinales apuntaron necesariamente hacia el norte.
Según llegamos a la entrada, el frío hacía mella y calaba en los huesos. Pronto eso no sería un problema. La gente se fue apelotonando, casi agradecida de ello, en un muy bien acondicionado pabellón Anaitasuna (que significa “hermandad”). Barricada ha tocado tantas veces en este, su santuario, que en alguna entrevista en el pasado se narró una curiosa anécdota.
Fue en 2002, con la sustitución a la batería de Fernando Coronado por quien ha ejercido el cargo hasta el último día, Ibon Sagarra; los Barricada de entonces se disponían a dar otro de los incontables shows en este pabellón deportivo, cuando alguien del equipo de seguridad impidió con contundencia el paso al baterista, pues habían visto tantas veces a la banda por allí con su anterior miembro, que no creían las palabras del propio Sagarra.

El espectáculo comenzó con un vídeomontaje conmemorativo de fotos de la banda, mayormente de directo, tomadas por algunos compañeros de profesión y grandes “correfosos” de este país. El vídeo venía acompañado con la pieza musical del compositor cinematográfico Vangelis, “One More Kiss, Dear«, conocida por la película Blade Runner. No olviden que Barricada y el ilustre film de Ridley Scott vieron la luz el mismo año.
«Noche de Rocanrol», «Písale» y «Objetivo a Rendir» iniciaron este último ritual con un Boni a la voz, que, como sabrán, no ha tenido ninguna dificultad en hacerse cargo de los registros tan diferentes con los que la banda evolucionó, con El Drogas al frente.
Boni no dio grandes discursos; su emoción le superó en varios momentos. Rescataré uno de ellos, en el tema “Esta noche no es para andar por esas calles”, con los músicos sentados en la tarima de la batería, descansando y tomando una cerveza. Esta tradición viene de largo, pues los barrikeros han coreado esta canción durante mucho tiempo, mucho después de los conciertos, en la vuelta a casa. Es una de esas tradiciones de los conciertos de Barricada, simbolizada aquí en este gesto.
Pocas bandas pueden condensar tanto tiempo en la propia música en lugar de hacer parones de descanso con piezas instrumentales o discursos de relleno. No fue una noche de palabras, salvo apelaciones inevitables a la marea de gente agolpada bajo una gran nube de calor humano: «Gracias a los de fuera.. Y a los de casa». «¡Ay, como se agradecen esas voces, gracias! «¡Nos vamos a dejar más que la piel! ¡Hay que resistir!». Y así fluyeron una y otra todas esas canciones «con canas, recuerdos, raíces…».
En el último de los tres bises, Barricada cerró de forma más amplia que los anteriores conciertos de despedida, añadiendo al setlist “No sé qué hacer contigo”, a la que se subieron varios fans y organizadores a cantar. La última elegida fue “La silla eléctrica”, el primer tema de su primer disco.
Al salir del concierto, unas hojas del periódico Diario de Navarra revoloteaban por las frías calles y se cruzaron en mi camino, o yo en el de ellas. Como si de alguna casualidad impensable, o de final post-apocalíptico cual iconografía hollywoodiense se tratara, apareció una doble página escrita por el periodista Santi Echevarría, que anunciaba el fin. El fin de Barricada. Pero no de su música, ni de sus músicos. Como ya sabemos, Boni está preparando un proyecto en solitario; o Ibon y Ander tampoco se van a quedar quietos, al haber vuelto a formar Estigia.
Tras todo lo dicho, sólo me queda afanarme al hashtag que en twitter ha estado activo todos estos días: #GraciasBarricada.
- Setlist:
Noche de Rocanrol
Písale
Objetivo a Rendir
Pasión por el Ruido
Lentejuelas
Contra la Pared
Abrir y Cerar
Quiero perderme
Todos Mirando
Por la libertad
Juegos Ocultos
Oveja Negra
El Trompo
Callejón sin salida
Pon esa música de nuevo
Rugir y Morder
Cierra los ojos
Mañana será igual
Aguardiente
Por salir corriendo
A toda velocidad
Deja que esto no acabe nunca
Okupa
Rojo
Animal caliente
En blanco y negro
(BIS)
Aún queda un Sitio
No hay Tregua
Esta noche no es para andar por esas calles
Flechas Cardinales
(BIS)
Pídemelo Otra vez
Esperando en un billar
Barrio Conflictivo
(Cierre especial 23N)
No sé qué hacer contigo
La silla eléctrica
- Texto: Rubén G. Herrera y Esther Perdomo










