AIRBOURNE 14 diciembre 2010 La Riviera Madrid

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GLORIOSAS ENTRAÑAS

¿Qué tendrá Australia que cada equis tiempo suelta en la selva del rock autenticas fieras salvajes como Airbourne? ¿Será la cerveza? ¿El clima? ¿Cocodrilo Dundee?… Sea lo que sea, en este caso la bestia tiene hambre y está creciendo muy rápidamente. Y desde luego, después de lo visto en La Riviera, a Rock In Spain no le cabe la menor duda de lo grande que es. Airbourne es una de esas bandas que hacen vibrar. Tanto como para dejarte, durante hora y cuarto, con los ojos tan abiertos que corren peligro de secarse; apenas puedes pestañear.

La pregunta en cuestión es: ¿qué demonios tiene Airbourne para convertir su concierto en una auténtica fiesta? Pues tiene garra, fuerza, y transmite y contagia ganas de darlo todo, de romperte la garganta cantando y de saltar hasta la extenuación. El resultado de su espectáculo les avala allá donde van: un festival de rock n roll por todo lo alto, sin parafernalias, sin fuegos, sin nada más que la energía que sus cuatro componentes desprenden en esta gira No Guts, No Glory Tour 2010.

Difícil tarea tuvo el grupo invitado Motociclón. Tenían que preparar a un público que tenía ganas de marcha, de gritar, de sudar y moverse sin parar. No sonaron bien, pero lo intentaron. Sobre todo su cantante, Robertez, un frontman enorme; de cabeza rapada, con pantalones ajustados, pulsera de pinchos y gafas negras. Es un ciclón de actitud macarra y desafiante. Le echó muchas ganas y no paró en ninguna de las canciones. Incluso se jugó el tipo saltando de la valla de seguridad al escenario en varias ocasiones…  A destacar: “Soy un mutante”, “Warriors” o “Air Guitar”.

 

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Hay que decir que es muy difícil sonar al mismo nivel que una banda que tiene veinte Marshall en el escenario y que, además, también lleva su equipo e luces. Con razón había un tráiler de esos grandes aparcado frente a la sala… Aunque quién sabe, quizás, aún sin ese equipo el concierto habría desembocado en la misma fiesta.  Y en este sentido, el gran responsable es Joel O’Keffel, el líder de los australianos, un cantante con potencial para grabar su nombre en la historia del rock como uno de los mejores. Desborda carisma y parece no tener límites.

 

La música de Terminator fue la elegida para empezar el concierto de Airbourne. Muy acertada porque su frontman es como un T-1000: imparable. Además, va acompañado de tres T-800 que tampoco paran de correr, agitarse y sudar la camiseta.  En “Raise The Flag” se metieron al público en el bolsillo con un comienzo demoledor, y a la tercera canción La Riviera era un fiestón. Y para celebrarlo, ese cantante trepador salido de las antípodas lo celebró estallando (contran su cabeza) una lata de cerveza de 50 cl (o ‘yonquilata’).

Siguieron con “Diamond In The Rough” y “Blonde, Bad and Beautiful” y todos a cantar los estribillos, a levantar los puños y a ver como Joel corría sin parar de un lado a otro; dando y pidiendo, dando y recibiendo en una simbiosis perfecta entre grupo y público.

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Llegó “Girls In Black” y el cambio de guitarra… Todos se preguntaban qué podía escalar el cantante en la sala. No escaló nada. Esta vez nadó…Subido a hombros, se zambulló entre el público y fue de un lado a otro, tocando y saludando, sonriendo y disfrutando como uno más del público.

La descarga siguió al mismo ritmo, sin descanso, sin tregua para nadie. Y Joel pese a parecer más una máquina, es humano. Y buen trago le dio a una botella de vino en “Cheap Wine & Cheaper Women”. Algo le debió de subir, porque pidió al público que subiera a hombros a quien tuviera al lado. Y así hizo el respetable alzando unas diez o quince personas.  Y qué intro más monstruosa siguió para el cañero y salvaje “Born To Kill”.

La siguiente (“No Way But The Hard Way”) la presentó desde el suelo del escenario, con una voz rota más de ultratumba que de un ser vivo. Este músico no solo toca y canta, también sabe actuar y llevar al público al delirio, hasta desatar la locura en la sala; los saltos se contagiaron de las primeras filas a todo el público y La Riviera tembló cuando siguió “Too Much, Too Young, Too Fast”.

Y para terminar, dos bises frenéticos: un “Running Wild” en el que tres ‘yonquilatas’ más fueron reventadas y canción en la que hicieron un guiño al mítico “Paranoid” de Black Sabbath. Y un “Stand Up For Rock n Roll” con pogos y avalanchas en las primeras filas para cerrar un concierto difícil de olvidar, con una promesa de los hermanos O’Keffel: ¡volverán!

 

SETLIST AIRBOURNE

Raise The Flag 
Hellfire 
Chewin’ The Fat 
Diamond In The Rough 
Blonde, Bad And Beautiful 
Girls In Black 
Bottom Of The Well 
Cheap Wine & Cheaper Women 
Born To Kill 
No Way But The Hard Way 
Too Much, Too Young, Too Fast 
———————————————–
Runnin’ Wild 
Stand Up For Rock ‘N’ Roll

Fotos: -IVN-                   

Texto: Eduardo Palacios