NADA SURF

Redactora y fotógrafa: Silvia Suarez

NADA SURF
14 – Febrero – 2008
Sala Heineken (Madrid)

21:10h. de la noche. Lleno en la Sala Heineken. Expectación, es lo que todos los allí reunidos sentíamos ante la llegada de Nada Surf. Después de la actuación de los teloneros, Jonston, un grupo español que presentaba el pop-rock de cantautor de su álbum Limbo Starr y que después de tocar unas 5 canciones, agradecieron al grupo titular por haberles elegido -se organizó un concurso por el Myspace y la web oficial de los americanos para ello-. Habían conseguido caer bien y que la gente balanceara un poco sus cabezas con una percusión nada mala y unas letras poco comunes aunque sugerentes, interpretadas por la sutil voz del cantante -cuyo nombre ha tomado el grupo-.  

Pasan los minutos mientras se oyen las canciones previas para amenizar que pone la sala y los murmullos de la gente, acompañados unos por silbidos y algún que otro “que empiece ya”. Impaciencia. Todos querían ver al grupo estadounidense que empezaba esa noche su gira europea y que había elegido Madrid para hacerlo; grupo que seguía con más éxito, si cabe, después de 7 discos publicados -el último y más reciente, se había regalado a todos los asistentes junto con su entrada- y cuyas canciones han llegado hasta a traspasar la pantalla para poner banda sonora a series como The OC o One Tree Hill. 

 



Entre el público, más adolescentes de lo esperado, pero abundaba el contaste teenager-veteranos, dos «generaciones» de jóvenes unidas por sus primeros y sus últimos discos que independientemente de cuando hubieran creado su afición por el grupo, todos deseaban ver lo mejor de ellos en directo. Y eso fue exactamente lo que pasó. 

Los de Brooklyn salieron sonrientes y dispuestos a interpretar lo mejor de su repertorio. Empezaron lentos pero seguros. La gente disfrutó con la filosofía de «See the bones» o la belleza de «Inside of love», y no dudaron en desperezar a todos con la descarga de energía a lo New Order del tema «Hi-speed soul».  

Era el momento de saludar al público, y no dudaron en hablar español. Comprensible por parte del bajo, Daniel Lorca, madrileño afincado en Nueva York desde pequeño, pero especialmente gracioso por parte del cantante, Matthew Caws, que soltaba «Muchas gracias, ¿qué tal estáis?” o un «esta es vieja» antes de alguna canción, que arrancaba las sonrisas del público. Precisamente de los momentos más graciosos fue cuando él mismo pidió perdón por los «chocos» eléctricos que recibía del micrófono, un «¿Qué?» con voz algo quebrada, a los vítores indescifrables que llegaban de un sector del público, acompañado de un «vale, luego lo hago…» entre risas, o la reacción el público cuando Daniel trasmitió lo que unos amigos le habían dicho: «son sólo dos palabras… y es tan cuerdo», comentó seguido de «Raúl selección». 

Alegría no les faltó al grupo, ni tampoco calidad. El sonido era aún mejor que el de los discos y la voz de Matthew, cuya formación se presume en cualquier letra que se escuche acompañada de la guitarra -que cambiaba de eléctrica a española según se necesitara-. Resultaba de lo más alucinante y despuntaba sobre todos los elementos del conjunto. Especialmente alucinados nos quedamos con alguna versión acústica que denotaba la impresionante voz que se gasta el vocalista neoyorquino -y sin probar ni una gota de agua-. Aunque tampoco el resto de componentes se quedaban atrás. Hay que decir que tanto Daniel como Ira Elliot (el batería que hace simple lo complicado), no dejaron de tocar con una maestría poco común, haciendo que el sonido fuera un tándem perfecto entre música y voz, power pop y geek rock. 

 





Todo el repertorio estuvo bien elegido, aunque algunos echamos de menos «Concrete bed» o la tierna «If you leave». Dieron prioridad a los temas del álbum que presentaban «Lucky», aunque era con «Whose autority» cuando más animaban el ambiente y hacían que la magia brotara cuando la gente coreaba el magistral «80 windows» o «Do it again». Pero todo lo bueno se hace corto, y además normalmente, también esperar.  

El grupo se despidió después de haber tocado cerca de unos 8 temas. Obviamente, para pedir más. Se hicieron de rogar varios minutos pero tras palmas in crescendo y gritos del público, reaparecieron con una sonrisa en los labios que no se les borraría en toda la noche. Todos esperábamos los temas estrella que se habían guardado en la manga para el bis. Momento mágico el del público cantando y extendiendo los brazos para decir «Always love». Después de esto, el grupo más que conforme, decidió no hacernos esperar más. Entonces el cantante nos dijo que teníamos que cantar, «es muy fácil, espero que os la sepáis… sólo tenéis que repetir; yo digo: “Ohh fucking” y no le hizo falta seguir porque un gran «¡fucking!» del público hizo el resto.  

La guitarra y el bajo comenzaron a sonar más que nunca mientras que el agradecido público saltaba, tanto que alguien intentó subir al escenario, y fueron entonces los propios Caws y Lorca los que extendieron los brazos para que algunas personas de las primeras filas pudieras subir. El escenario se convirtió en una repentina fiesta improvisada, donde el público y los artistas estaban extasiados de tanta emoción. Parecía que iba a ser el final del show, los afortunados regresaban a la pista con aire triunfante y los cantantes se retiraron con «gracias» de nuevo.

 



Tras volverles a afinar los instrumentos -por segunda vez consecutiva-, Matthew, Daniel e Ira aparecieron tan agotados como emocionados. Un «normalmente no suelo cantar pero hoy…» y una sonrisa del vocalista iniciaban el rap de «Popular», tema con el que la gente dio por terminado el sueño americano de una noche. Una noche de invierno en la que Nada Surf hicieron que todos saliéramos convencidos de que volveremos a comprar una entrada para verles, y esta vez sólo habrá que esperar hasta abril de este mismo año.