My Dying Bride cumple treinta años en una época convulsa como pocas que nos ha tocado vivir, sobre todo a estas generaciones. Una banda con tan amplio cache, necesita poca introducción, y que tras haber superado ciertas fisuras y cinco años de espera, han regresado con un disco dentro de su línea como no podía ser menos, que sin duda les catapultara a las primeras líneas de batalla en futuras giras y festivales.
El disco evoca ese peculiar sentimiento por lo romántico de la belleza y ese gusto por la muerte que siempre les ha acompañado y que con fuerzas renovadas nos ofrecen un disco de ocho cortes, la mayoría largos, como es habitual también, que nos demuestran el buen estado de forma con el que han regresado. Incluso más cabreados, más meláncolicos si caben y eso en esta banda es bueno.
El sonido del disco es abrumador, algo muy importante, para degustar a la perfección los múltiples detalles de este nuevo esfuerzo, las pinceladas de violines es abrumadora, así como los invitados en el disco que dejan su huella de manera sobrecogedora, como el violonchelo del aclamado violonchelista Jo Quail. O, la maravillosa voz de Lindy-Fay Hella (WARDRUNA) que agrega una belleza etérea al álbum.
En o personal el disco empieza a crecer y envolverte a partir de «The Solace», sobre todo por la aparición de Lindy, pero además por los pasajes épicos que consigue la banda en el apartado rítmico en amplias secciones instrumentales. Aquí es donde empieza a ponerse de verdad los pelos de punta. La sección de guitarra, a modo de puente, es siniestra y la voz de Lindy, no es más que la guinda al pastel. puntuales solos que embellecen más si cabe la estructura del tema.
Con treinta años a sus espaldas, sabemos y los que no, tomaros estas líneas al pie de la letra, que My Dying Bride, no es una banda para escuchar a la ligera, necesita tiempo, tranquilidad, un ambiente acorde. En mi aso, aveces un libro, o unos audífonos, para empaparme mejor de los detalles. A mi me tomo tiempo comprender la banda, por lo que se como se las traen. De allí que este disco necesite también esa escucha pormenorizada y pausada para que la atmósfera os pueda cubrir en plenitud.
«The Old Earth» es otra de las maravillas del disco, por su inicio acústico, voces limpias y su posterior transformación. Una canción de más de diez minutos que os anegará en la esencia misma de la agrupación. Un disco emotivo y que nos rememora en casi una hora todo lo bueno de la banda y toda su amplia experiencia en estos treinta años, en un álbum compacto en donde la banda regresa como ave fénix de entre los muertos.
Temas:
1. Your Broken Shore 7:43
2. To Outlive the Gods 7:56
3. Tired of Tears 8:37
4. The Solace 5:52
5. The Long Black Land 10:01
6. The Ghost of Orion 3:31
7. The Old Earth 10:32
8. Your Woven Shore 2:09
Formación:
Aaron Stainthorpe | voces
Andrew Craighan | guitarras
Lena Abé | bajo
Shaun Macgowan | teclados, violin
Jeff Singer | batería
Neil Blanchett | guitarras en directo
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