La bajada del IVA cultural es un realidad aunque insuficiente para volver a llenar las salas de espectáculos. El 1 de septiembre de 2012 entraba en funcionamiento la subida del IVA cultural que suponía el aumento de este impuesto hasta el 21%, desde el 8% que regía anteriormente. Y sobre la misma, en diversos medios se apuntaban reacciones como las siguientes:
Es difícil llamar la atención sobre algo que ya no es noticia. Ni siquiera la confirmación de los peores presagios mueve a la opinión. El paradigma de la teoría del “shock” se ha confirmado y la ciudadanía oscila entre la catatonia y la resignación. Ante un paisaje tan desolado, ya nada le impresiona. Si hablas de que la práctica cultural se hunde, el personal piensa en el empleo, la educación, la salud, la ciencia o incluso el deporte y te mira con los ojos hundidos, como el leproso de la Edad Media y, claro, cambias de conversación.

Las actividades peor paradas fueron fueron los servicios artísticos y las entradas para espectáculos que se les aplicó un 21%, el IVA general. Las consecuencias de esta subida fueron un recorte en gasto en esta partida delante de una situación monetaria difícil, ya que la cultura no es percibida como un bien de primera necesidad. En el sector del espectáculo la caída del número de asistente se cifró en un 3’%
Sin entrar en que si el IVA es un impuesto injusto o no por el hecho de ser aplicado de forma lineal a todos los ciudadanos por el hecho de serlos y no ir más allá de familia con más desventaja, no podemos esconder que con esta subida la cultura se alejaba del concepto que «la cultura debe ser de todos y para todos»
Tras un amago en 2015 por restaurar este IVA a reducido, 10% que no se plasmó, por fin el pasado jueves se hizo efectiva la tan reclamada y esperada bajada suponiendo un gran balón de oxígenos para algunos en esta industria. La música en vivo se ve favorecida por esta medida no tanto el cine o la música grabada.
Según El Pais: «En el último Anuario de la SGAE de 2015, en el periodo del ivazo se perdieron unos 26.000 conciertos (de 116.446 a 90.212), sin incluir festivales y macrofestivales. Una treintena de teatros y un centenar de cines echaron además el cierre, según el Anuario de Estadísticas del Ministerio de Cultura. Los promotores musicales han subrayado además una y otra vez una consecuencia difícil de extraer de los números: España ha perdido competitividad a la hora de pujar por las grandes giras de artistas europeos y de EE UU»
La bajada del IVA cultural es un realidad aunque se antoja insuficiente. Lo cierto, eso sí, es que no todo ello es atribuible íntegramente a la subida del IVA, que metió el dedo en la llaga de un sector que ya estaba sufriendo entonces la crisis. Y precisamente por eso, Jacobo Pallarés, presidente de la Red de Teatros Alternativos, deja claro que la reducción del impuesto no tiene por qué repercutir ahora en el precio de la entrada: “No hay que confundirse. La mayoría de las salas de nuestra asociación asumió la carga y no subió los precios, que ya están bajo mínimo. Ahora no sería de recibo que los reduzcamos”.
Albert Salmerón, presidente de la Asociación de Promotores Musicales (APM) apunta que «Llega tarde. Es algo que el sector reclamaba desde hace mucho tiempo, y además se demostró que tampoco se logró el objetivo recaudatorio que pretendía el Gobierno. Aun así, nos alegramos y hay que celebrarlo». Se muestra un poco más optimistas: «Habrá conciertos que los bajarán. Y otros que no puedan hacerlo. Acabará repercutiendo en el consumidor, pero hay que recordar que la subida se la comía menudo el promotor. Con la crisis y la reducción de público no había margen para aumentar los precios, así que en muchos casos se mantuvieron”.
