En Rock in Spain nos despedimos en una
entrevista hace unos meses a The Pauls con un “hasta pronto”. Y parece que lo han cumplido al pie de la letra. De la letra de la última canción de
A flair for dancing, “
The only useful Word”.
Ahora The Pauls vuelven (acaso nunca se han ido de mi cabeza), y ganan en carácter y en presencia gracias a este recopilatorio de versiones, de sus dos primeros discos, mayormente. El resultado es delicioso, aprovechando la calidad compositiva de aquellos, para obtener un sonido actual y refrescado.
Tras el arranque de Fingers Through your hair and Rock and Roll, simbólico estereotipo del character de la banda, arranca Bubbleman Blues (¡amma babbalmaah!), versión única del último disco de la banda, aparecido en la primavera de este inacabable 2010, y reseñado aquí, ahora reconvertida en una pieza de rock-jazz gamberro, en buena medida por la inteligencia resolutiva de Rubén Rebolleda a las teclas. Pero el conjunto, en general, funciona en esta sinergia, en este nuevo viaje musical entre paréntesis, este regalo grabado en tres días (literalmente), en este proyecto secundario, donde parece que The Pauls son de la taxonomía de músicos que “descansan trabajando”. La no participación de Gaby Planas a la batería o Tony Laming a la guitarra no es algo valorable en vistas a la unidad de la banda. Carlos Oliver o por su pseudónimo artístico, Paul Zinnard, sigue en su estilo lírico descafeinado y de rockero extemporáneo, no por anticuado, sino por pérdida cultural de esta generación posmoderna (segunda o tercera, no sé por cuál podríamos ir…).
Esta crítica no posee una visión exclusiva; hago un descubrimiento de última hora en Renacer Eléctrico, que me sirve ahora como excusa para enlazar al crítico Sergio Guillén reseñando este mismo disco, quien por cierto sabe de todo esto mucho más que yo.
El anticlímax del disco se compone de Fighting in Vain: con un comienzo frustrante donde se esboza algo que parece Chopin, y luego se convierte en una preciosa bala-la-la-da. El juego de piano clásico continúa en My Girlfriend. The Princess of the Moon no es lo último, ya que un track 11 invisible en el diseño del libreto, pero que ahí permanece, fantasma, sin nombre, concediéndonos la última sorpresa positiva. Se trata de Goodbye Miss Tokyo.
Lo más importante aquí es que Miss Tokyo metes her lover tiene secuencias que superan en madurez a muchos otros trabajos menos costosos de The Pauls. Y eso es una buena señal. Si acaso, cabría desear por parte de un humilde oyente, un poco más de cercanía con el público español, reduciendo la distancia entre el “estilo americanista” y la forma de entender el rock en España, bajo alguna forma de exhortación creativa o eclecticismo. The Pauls posee un estilo propio consolidado al mismo tiempo que una amplia gama recursiva voluble. Espero que sigan aplicando esta dualidad.