“Un hombre camina solo” lo dice todo. El hombre es Emilio José Ponce, antiguo miembro de Karih-Katura, que no se ha resignado a desaparecer con el grupo y se reivindica bajo el nombre de Witko ante el mundo del rock en español. Que camina solo es evidente ya desde la portada. Solo aparece en el vídeo del single y solito se merienda todas las canciones. Y que camina, ya lo creo que camina.

Witko significa “loco” en una lengua de los indios norteamericanos, nada más y nada menos. Me atrevería a decir que la elección del nombre tiene que ver más por el hecho de que el bueno de Emilio haya decidido ir por libre y sacar el proyecto adelante siguiendo únicamente su idea y buscando al mejor equipo de producción (Roger García), masterización (José Triay) y músicos de estudio para obtener el óptimo resultado que por la supuesta locura que las canciones puedan mostrar. Quiero decir que el producto final dista mucho de ser rompedor, pero esto no es de ningún modo un comentario peyorativo. Hacer un disco de rock and roll que enganche ya es en sí un logro, porque lo que verdaderamente funciona en el rock es la honestidad, y de esto Witko anda sobrado.
“Un hombre camina solo” pasa con nota la primera criba del oyente, que puede percibir cierto tono naïf por aquello de lo directo de las canciones, lo reconocibles que suenan a veces ciertos estilos entre los que Witko se mueve comodísimamente y la brevedad de cada uno de los temas, que rondan los benditos tres minutos de duración. Pasada esa primera impresión, lo que realmente salta a la vista son dos cosas: primera, la minuciosa composición de cada tema, donde la elección de los estribillos es sencillamente portentosa, y; segunda, la reivindicación de la guitarra como la razón de ser de todo esto. A ello ayuda, y vaya si ayuda, la participación en varios solos de Eloy Ibáñez, de Babylon Rockets.
Con todo ello, el álbum no deja de tener cierto tono nostálgico, musicalmente hablando. El olor a ese rock desenfadado e inocente de las bandas de principios de los 80 se percibe constantemente. En muchos momentos imaginamos a Rosendo cantando alguno de los temas (Comerte), una guitarra a lo Suede (Otra vez) o un sofisticado órgano Hammond (Horóscopo Funk) que no nos hacen olvidar nunca las raíces urbanas de Emilio.
En conclusión, Witko nos presenta un disco de rock. ¿Que es poca conclusión? Pues ahí va un resumen, según sus palabras de lo que es este trabajo: un disco humilde e íntimo que habla de relaciones personales, sexo, de la crisis de valores, la falta de escrúpulos de los poderosos y de los excesos con las drogas. Vamos, lo que viene siendo un disco de rock de toda la vida. ¿Les parece poco?
