La de Gigatrón es una historia sorprendente. Los delirios de grandeza de esta banda me recuerdan a nuestra más ilustre figura literaria: la de Don Quijote de la Mancha.
La de Gigatrón es una historia sorprendente. Los delirios de grandeza de esta banda me recuerdan a nuestra más ilustre figura literaria: la de Don Quijote de la Mancha.
En la historia del arte y la cultura hacen falta cada cierto tiempo figuras desmitificadoras que renueven el panorama creativo destruyéndolo desde dentro, como bien hizo Cervantes con su gran obra frente a los ríos de tinta de la tradición caballeresca que por entonces eran la moda. Explícita o implícitamente, lo que se propone Gigatrón, como Dioses del Metal, es algo parecido.
Han consolidado un género, el freak metal, y desde el momento en que aparecieron, cualquier “postureo” musical, cualquier subestética, desde el glam, el folk, el death, speed o el power metal son susceptibles de ser parodiados.
Adalides de la fanfarronería y el descaro, se burlan de todo, empezando por ellos mismos. Hay mucha gente todavía que no lo soporte; eso es porque no entienden los motivos de esta broma musical; o no saben reírse de uno mismo. La provocación de Gigatrón, como sabéis, encuentra pocas limitaciones éticas: matar pijos, modernos, poperos, insultar reggaetoneros, revestirse de raperos y parodiar la cultura negra (teniendo en cuenta que «los heavys son los negros del rock»), promover el anarquismo y el apocalipsis, pervertir a los niños a que quemen cosas…
Todo esto, dicho en frío, podría sonar muy grave; pero no es así porque ya tenemos líderes políticos, económicos y religiosos que promueven el mal, pero de verdad, no en forma metafórica o catártica. Creo que tiene mucho sentido esta respuesta cultural, llamémosla ‘posmoderna’, y que es todo un hachazo en el culo del que no quiera aceptarla. Como ocurría a Don Quijote, nos resulta más cómodo vivir en mundos imaginarios donde la realidad y la ficción son siempre subjetivas y se confunden.
Pero vamos con el disco. Con toda esta locura que les ha hecho célebres, cabe preguntarse ¿qué novedades musicales podría traernos esta banda, que va a disco por década y que prácticamente habíamos considerado extinta hasta el single Apocalipsis Molón (2012)? Francamente, muchas.
Pese a haberse perdido buena parte del “factor sorpresa” que fueron sus primeros discos y pese a que el género ya cuenta con muchas bandas en este estilo, Gigatrón han vuelto a lo más alto con un disco verdaderamente trabajado. De hecho, ellos son «los primeros sorprendidos en haber trabajado». Con la presión enorme además, de haber conseguido recaudar 14.234 de los 6.660€ que pretendían inicialmente (todo un record en la plataforma de Verkami), este Atopeosis 666 es uno de los discos más destacados del año. No, en serio, no es coña. La importancia de este lanzamiento reside, según creo, en lo mucho que Gigatrón, y su líder espiritual Charly Glamour han influido en la cultura metalera de nuestro país. Pese a permanecer en el anonimato de los grandes medios, Charly y su leguaje propio ha sido enormemente influyente No conozco a nadie de esta tribu que no pille al vuelo alguna referencia o guiño a Gigatrón. Pero al mismo tiempo, para muchos sus canciones también se cantan como verdaderos himnos.
¿Han sido Gigatrón capaces de casar de nuevo estas dos grandes cualidades? Absolutamente, sí. Para tal proeza, en Atopeosis 666 podemos encontrar, lo primero, una mejora significativa en cuanto a composición y producción (¡ya no hay arreglos en midi!). Hay canciones como Queridodín o Festival del Mal que incluyen cambios de estructura, registros y algunos desarrollos instrumentales que las hacen disfrutables una y otra vez, y que ya quisieran muchas “bandas serias”.
En consecuencia con la situación social y política que vivimos tan de-mierda, su música es ahora más reaccionaria que nunca (Charly afirma haber rechazado «su hora de sauna mañanera para meterse en política»). Mar de Cuernos parece un disco inocente al lado de este. Piezas como Sangre y Fiambre o Metalocracia, meten el dedo en la llaga de este país de tópicos, de inactitud, de corrupción… También en consecuencia con esto, el grado de absurdez y abstracción no han decaído: ahí tenemos, por ejemplo Hard ‘N’ Piripi o ese cierre de disco de El Barbero de Vallekas, que todos debéis oír.
Teniendo en cuenta el elevado nivel de tontuna, pienso que hubiera sido muy fácil que Gigatrón lanzase un disco que resultase pesado, sin gracia, fuera de lugar; y sin embargo, han conseguido todo lo contrario, y eso es porque tras las máscaras, pseudónimos y trajes, hay verdaderamente personas con talento para esto. Locos, pero con talento. Tanto que con esta, su segunda o tercera “vuelta” (no sé ya por cuantas van, pero esperamos que sea la definitiva), ya han conseguido reventar el festival Mundo Idiota, llenando la sala Riviera de Madrid (2012), tocar como cabeza de cartel junto a Kamelot en El Metal Lorca de ese mismo año, o hacer lo propio en la sala Shoko en la presentación de este disco.
Y esto se debe especialmente a la cantidad de detalles que ofrecen a sus fans: como el de editar el disco en un exquisito vinilo rojo (¡que se hace pirámide!), o en formato casete (con hueco para guardar una chusta); o en los propios conciertos, en los que hacen gala de un sinfín de recursos y parafernalia, con los que mueven a las masas como quieren (o como ya no suele verse).
No debemos olvidar que, aunque está como una maldita cabra, Charly Glamour es un tipo que se deja la piel en todo esto. Es algo así como el puto Don Quijote del metal, en su propio mundo imaginario al que muchos cambiarían por el suyo sin pensar.
Tracklist:
- Speed Thrash Big Bang
- Sangre y Fiambre
- Esténtor
- Apocalipsis Molon
- Hijos de Mordor
- Festival del Mal
- Rollo Primitivo
- Queridodin
- Metalocracia
- Heroes del Power
- Hard’n’Piripi
- Mi Alegre Mazmorra
- El Barbero de Vallekas
