EUPHORIA “Culto al Deseo” 2010 Art De Troya / Independient Trade Union

euphoria

EUPHORIA
«Culto al Deseo»
2010 – Art de Troya / Independient Trade Union

euphoria

Tracklist:
01. Largas Distancias
02. 55 Días

03. Fobika Utópica

04. Entre el Cielo y la Tierra

05. Clepsidra

06. Cenizas

07. Donde Habita la Jauría

08. Éxodo

09. Vudú

10. La Leyenda del Tiempo

11. Zaphiro

12. Hiroshima

13. El Viento Sacudirá la Tristeza

 
Miembros: 
David P. Zaraín (Guitarra)

Pablo Fernández (Voz y Bajo)
Abel Martinez (Batería)

Myspace

El trío vallisoletano exonera su versión final de un trabajo musical con un resultado más que satisfactorio: Culto al deseo, en el que lo más sobresaliente puede ser su producción sonora: sencillamente sublime (¡gracias, Raúl de Lara!). Un proyecto tan sincero como explícito, o todas las etiquetas adyacentes al post-metal, ese género obsesionado en potenciar los recursos electrónicos y de distorsión en detrimento de lo formal, o barroquismos variopintos.

Euphoria traen a la materia gris bandas como Tool, Isis o Katatonia, aunque sin despreciar la competencia nacional del post-metal en España, merecedora ya de alguna tesinilla de fin de carrera de musicología o sociología de la música, desde Skizoo, Hamlet, o banexdas más oscuras como Sou Edipo, Adrift, y la miríada de bandas Stoner que golpean los escenarios de nuestra tierra. Hablamos del metal en su concepción más actual: ese subgénero lacónico que pretende resumirnos experiencias y actitudes en pocos y precisos acordes.

Culto al deseo es un producto efractor, aunque no por ello menos melodioso, algo repetitivo pero que genera adicción: como las pipas y sus crujidos. Una visión poética como factor desenvolvente de la fluidez musical permanece en primer plano, donde, de pronto, consigue que nos importen y mucho las letras: así es como descubrimos piezas como La leyenda del tiempo, inspirada en un tema original de Camarón de la Isla, con la poesía de Federico García Lorca (¡esto sí que es versionar!), y cuyos acordes mayores hacen mutar el registro general del disco, burlando la arquitectura musical de su género, hacia un concepto casi… ¿punk? O Zaphiro, probablemente, una canción que incruste en mi iPod para siempre, y para muchos será la joya que llevan mucho tiempo buscando. Esto se debe fundamentalmente a que la canción invertida para el videoclip (Fobika Utópika) tal vez resulte un anzuelo prematuro para neófitos, como un servidor.

Culto al deseo posee, a grandes rasgos, un único registro melódico, aunque plagado de cambios, pero prolongado en trece cortes, bastante duros en la “escala de Mohs”, si utilizásemos una metáfora de minerología, y cual preciado corindón. Su escucha verifica la esencia miasmática de que algo anda podrido en nuestro interior, motivo de nuestras represiones emocionales. Las guitarras de David producirán rubor a ellas y respeto en ellos. Con todo, musicalmente es algo resultón, ritualesco.

Uno de los motivos de ello es la abundancia de símbolos comunes e inagotables como el éxodo, el holocausto (Hiroshima), el paso del tiempo, la naturaleza y sus estados, el cielo y el infierno, que nos manejan a través del mundo de los deseos y apetencias en su sentido más amplio, compartido y ambiguo, aunque también nos introducen subjetividades novicias (algunas son además nocivas) a través de Vudú, Clepsidra, o la joya antes mencionada de Zaphiro… Su poesía urbanoide, fácil de captar, difícil de olvidar, es mucho, mucho más profunda de lo que nos tienen acostumbrados los artistas españoles de su estirpe.

«Como un vagabundo en las estrellas» […] «somos todo lo que nos asusta» […] «sólo ráfagas entre los dos».

Sobre símbolos tendenciosos, precisamente, da que pensar el nombre de la banda. Existen un puñado de grupos en el mundo llamados Euphoria y cultivan rock en alguna de sus vertientes. Estos síntomas globales son en realidad una forma de competencia de las corrientes estéticas actuales. ¿Está todo inventado? En cualquier caso… ¡estos son los verdaderos Euphoria!

Valladolid es una ciudad que desde hace unos años parecía haberse quedado sin grandes exponentes de heavy metal (podemos exceptuar Melqart, Kain, Neverness, Presidio… aunque desconozco…) Pero Euphoria suple definitivamente esa carencia y posee un urgente espíritu renovador. Además es un trabajo en el que ha colaborado un puñado de profesionales, que lo convierten, sin duda, en un buen re-comienzo.

Rubén G. Herrera