PAUL GILBERT 16 diciembre 2010 Sala Live Madrid

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PAUL GILBERT: REZUMANDO AMOR POR LA MÚSICA

   Quizá no entienda de acordes, arpegios y escalas, razón por la cual en su momento me planteé mi capacidad para elaborar una crónica detallada de la visita a nuestra ciudad de PAUL GILBERT, bien conocido por su buen hacer en bandas como RACER X, MR. BIG, o sus proyectos en solitario. Pensé que alguien con mis escasos conocimientos de teoría y práctica musical no sería capaz de describir lo que este genio de las 6 cuerdas es capaz de hacer. Pero, tras darle un par de vueltas al asunto, llegué a la conclusión de que seguramente no todos los asistentes al evento fuesen músicos (y guitarristas, para más exactitud), y menos aún todos aquellos que, por casualidad o devoción, estéis ante estas líneas, por lo que me tire a la piscina y decidí intentar transmitir lo que una simple amante de la música vivió durante poco más de dos horas.

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   Un hombre carismático, pasional y entregado, a la par que hábil y preciso. Un despliegue de calidad y diversión, con momentos para la seriedad, para las bromas, para el pasado y el presente, para los temas propios y las versiones. Cerrar los ojos y sentir su  música es un auténtico placer, pero abrirlos es mejor aún, pues su destreza y encanto hipnotizan hasta el delirio. Su talento es maravilloso, su clase, innata. Y por si esto fuera poco, sabe rodearse de fantásticos compañeros que en sus diferentes facetas hacen del combo un auténtico espectáculo.  Si bien la voz del gran Pablo (como versaban las luminosas letras del panel trasero del escenario) no es digna de una especial mención, esto pierde importancia gracias a su naturalidad y a la gran ayuda prestada, sobre todo, por su compañero de instrumento, Tony Spinner, que no obstante se reservó todo el potencial de sus sorprendentes cuerdas vocales para el ultimo tema (cosa que nos dejó con cierto sabor agridulce, pues si bien siempre estuvo a la altura, sí es cierto que empezó bastante más flojillo, en comparación con el despliegue que nos mostraría casi al final del show). Gilbert y Spinner se compenetraban a la perfección; sus duelos guitarrísticos y sus voces entrelazadas eran una auténtica delicia visual y sonora.

   Dejaré al experto las notas más objetivas, los puntos más técnicos, y terminaré expresando mi más absoluta admiración por alguien tan grande a la par que humilde, que me hizo perder la noción del tiempo y disfrutar como nunca pensé que podría hacerlo de un “guitar hero”.

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   Y es que existen unos pocos elegidos que parecen forjados en las fraguas del destino con un único fin. ¿Qué podría haber hecho Albert Einstein sino dedicarse a la ciencia? ¿Qué sería de Paul Gasol si no hubiera escogido el deporte como profesión? Pues es difícil imaginar al grandísimo Paul Gilbert sin una guitarra en sus manos… y una enorme sonrisa de satisfacción en su rostro. En su último disco “Fuzz Universe” ha vuelto a la senda del guitarra solista, con un claro dominio de temas instrumentales. Y así fue la dinámica del concierto. El público asistió pasmado a la tremenda exhibición del hacha que demostró cómo alcanzar el equilibrio perfecto entre demostración técnica y musicalidad. Sus vertiginosos fraseos sonaban limpios, claros, definidos pero férreos y enérgicos a su vez.  Su dominio de la mano derecha, especialmente con el púa-contrapúa es realmente impactante y con el paso de los años, ha conseguido desarrollar un vocabulario mucho más enriquecido. Y sus compañeros no le anduvieron a la zaga. Spinner acompañó siempre doblando las guitarras y aportando su estilo más blues en los duelos con la estrella. Graig Martini demostró cómo un buen bajista debe encargarse del peso rítmico  a pesar de poder correr como el viento sobre el mástil. Aún así, tuvo tiempo de demostrar sus virtudes al respetable. Todos, perfectamente compenetrados bajo la dirección de Jeff Bowders para conseguir un sonido exquisito. Lástima que Paul tenga que apreciarlo protegido por unos cascos por sus problemas de audición.

    En general, fue un concierto para guitarristas, ávidos de licks imposibles y de desbordes de virtudes musicales pero que también encandiló a aquellos que simplemente querían disfrutar con la pasión de alguien que nació para acariciar las seis cuerdas, tormenta de truenos sin luz.

 

Fotos y texto: -IVN-

Texto: M. Jones