A las 22:30, sólo con una hora de retraso sobre el horario anunciado, comienza en la Gruta 77 de Madrid el sorprendente espectáculo de dos bandas niponas de ¿Punk rock? ¿Happy-punk-rock? ¿Metal punk? ¿Punk surrealista?… bueno de Peelander-Z y Electric Eel Shock.
Mientras en las pantallas de la sala comienza a sonar el You Give Love A Bad Name de Bon Jovi los tres componentes de PEELANDER-Z se disponen a tomar posiciones sobre el escenario. Pero… ¡Un momento! En vez de entrar desde los camerinos, se están encaramando a las tablas por delante de las mismas, usando como escalera un par de cajas de cervezas apiladas. Aunque eso no es lo más sorprendente. Me froto las cuencas oculares. No puedo estar viendo lo que creo ver. Mientras hacen una especie de karaoke con baile incluido con la canción de Bon Jovi miro a mi alrededor totalmente desconcertado ¿Soy el único lo que ve? ¿El único que no lo entiende? Los Peelander-Z son… son ¿Fichas de Parchís? ¿Son los Power Rangers? ¿Son prófugos de un manga de los 90? No dejan de saltar, brincar, reír… Intento fijarme en algo que no sean sus excesivas pintas de japoneses, en sus colores, pero no puedo. Los tres Peelanders van ataviados con trajes de distintos colores chillones, sus instrumentos van a juego con ellos. No son una banda de punk rock, son un grupo de superhéroes armados para vencer a enormes monstruos de gomaespuma con pinchos y efectos especiales baratos, un grupo que viene a librarnos de la desidia y el aburrimiento… ¡Son Peelander-Z!
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Mientras me recompongo los observo mejor. Son tres y sus colores son el rojo, el amarillo y el verde. El Peelander Verde se ha puesto a la batería, el Rojo, con su pelo y barbas teñidos también de rojo, al bajo y el Amarillo a la guitarra. El Peelander Amarillo – al que por cierto le falta un diente y evidentemente toca una guitarra amarilla – Tras acabar la canción se acerca al micro y en un español macarrónico, que ya querría más de uno para sí, dice eso de «Hola, ¡¿cómo estás?!» y la locura se desata irremediablemente.
Acordes simples de un punk con toques manga sacan al puñado de asistentes del concierto de su incredulidad y ante el estímulo de la música hacen lo único que se puede hacer, comenzar a bailar pogo, pegarse y divertirse. Desde el principio los tres Peelander hacen gala de su buen humor, su concepto de espectáculo y sus ganas de agradar. Será una hora de concierto en el que la música es una simple escusa para el espectáculo, el exceso y la diversión. De verdad que pocas veces me lo he pasado tan bien en un concierto como con los Peelander-Z. Su música es muy punk rock al estilo los Ramones, con canciones cortas, directas y simples… pero no es lo importante de su directo. Lo importante es dejarse llevar y disfrutar de ellos.
A la hora de presentar las canciones se crean sus propias historias en la que involucran a los espectadores. La sensación es más bien de estar presenciando un inverosímil espectáculo de teatro callejero en vez de un concierto. En las historias incluyen siempre unos cartelones con el nombres de cada canción y unos apuntes sobre ellas, al más puro estilo Ramma. Una de las primeras canciones en ser interpretadas es Mad Tiger, enorme, gigantesca, una auténtica locura. Para empezar se colocan unas caretas de tigre y enseñan al público una coreografía para que la realicen mientras tocan. Tras repetir la melodía tranquila que acompaña a la coreografía un buen rato la canción muta hasta enloquecerse y perderse dentro de los ritmos rápidos y bailables que exige el canon del punk rock más agresivo. Pero no pasa más de un minuto cuando la canción vuelve a ralentizar su ritmo. Aprovechan este momento los Peelander para repartir entre el público una decena de baquetas y ¿moldes de flanes? Para que la gente toque la simple base rítmica de la canción con ellos. Mad Tiger, Mad Tiger… Todo el público participa de alguna manera, canta, baila, salta, se divierte… esto si que es implicar al público. Pero no acaba aquí las sorpresas de esta canción. Cuando el peso de la canción recae en el público y sus improvisados instrumentos, los Peelander se bajan del escenario cuerda en mano. Con ella comienzan a bailar y a enloquecer y hacen que los presentes bailen en lingo, salten a la comba… Es increíble. Todo es increíble. Tanto ellos y su filosofía de banda como que la concurrencia se involucre tanto en el espectáculo…
Entre sorpresas y más sorpresas, suenan más canciones. Kamikaze es una de ellas. Y los Peelander, que parecen tener alergia al escenario, se vuelven a bajar de él. Esta vez tienen preparada una conga por toda la sala. No paran quietos en un solo instante, son un tornado, un torbellino…
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Tras esta nueva muestra de demencia enlazan hasta tres canciones sin bajarse del escenario, con cambios de ritmo y todo. La verdad es que sorprendentemente, cuando tocan, no lo hacen mal. Suena ahora Ninja Hig School una canción que recuerda a la mítica Rock ‘n Roll High School. Divertida y pegadiza, cuando volví al Infierno de Dante no pude hacer otra cosa que buscarla en el Youtube, cosa que aconsejo encarecidamente que hagáis. Durante todo el directo abundan las coreografías absurdas, divertidas. En todo momento se esfuerzan por agradar y hablar en el español que dominan. Con la sonrisa siempre en los labios siguen con su repertorio. Interpretan Steak (Medium rare) que es uno de los himnos de la banda y para acabar con la locura se disponen a interpretar What a Health – SuperHealth. Es increíble, pero ya ha pasado una hora. Ha sido una de las sorpresas más agradables que me he llevado en un concierto, una oda a la diversión, al buen humor, a lo absurdo… Pero no nos pongamos aún melancólicos, aún queda todo el What a Health – SuperHealth para disfrutar. Durante la canción comienzan a sacar a gente del público. Reclutan nuevos Peelanders a base de carteles de «Se busca Guitarra» «Se busca bajista» y «Se busca batería» Poco a poco la banda va mutando hasta que al final los tres voluntarios del público se quedan en el escenario tocando lo que mejor les parece, mientras los Peelanders comienzan a tramar la última. El Peelander Amarillo se viste de bolo, el Rojo se lanza desde la mesa de mezclas hasta el escenario para derribar unos bolos que el Peelander Verde ha colocado sobre el escenario… Están locos, pero no dejan por eso de ser japoneses y eso se nota. Antes de que salten al escenario, el Peelander Verde recoge todas las cervezas de la gente y las pone con sumo cuidado a buen recaudo y para que nada que no tenga que suceder suceda… exquisitos, simplemente exquisitos. La canción acaba y la partida de bolos improvisada también. Ahora sí es el final. De despedida hacen un playback de una canción de lo que supongo es un dibujito manga, seguido de We Are the Champions… Sin palabras me quedo… Divertido es decir poco. Cuando vuelvan por estas tierras, pienso llevarme al concierto a medio Infierno para que disfruten conmigo del espectáculo. Se puede ver en fotos, se puede hablar de ello, se puede intentar hacer una crónica, pero es imposible hacerse una idea de lo increíblemente divertido que los Peelander-Z puede ser si no se está allí.
Después de la locura llegan a escena los ELECTRIC EEL SHOCK. Con una intro de Iron Man saltan al escenario (por la parte de atrás, a estos no les van las cajas de cervezas apiladas). En un primer momento parecen más serios que los Peelander-Z, pero cuando el baterista comienza a quitarse ropa y se queda vestido únicamente con un calcetín de cerca de dos metros como atuendo… la duda comienza a corroerme. Con dos baquetas por mano, calcetín en piiii a todo trapo, no toca punk sino metal esta banda Japonesa. Gary Yamamoto canta, lidera y toca la guitarra de la banda, que hace algo así como punk metal rock o yo que sé, estos japoneses están locos. El batería además de vestir solo con un calcetín, toca con dos baquetas en cada mano… uséase, un total de cuatro y el bajista, pues en su sitio, a un lado del escenario, como siempre. Son canciones cortas, con riffs afilados, y un regusto grindcore. Todo muy anárquico, desfasado y potente.
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Bastard es la primera en caer de un total de unas diez canciones. Es una canción contundente, te hace brincar y bailar aunque no quieras. También destaca en esta primera horanda de canciones Lemon, con sus armónicos artificiales, una base contundente, muy hard rock, alejado del punk. Gary deja destellos de calidad, controla el tapping, sus solos son rápidos y precisos y le saca sonidos curiosos a la guitarra sin el uso de ningún tipo de pedal. Para demostrar cuales son las influencias de la banda, se animan con una versión de Iron Man, de los Black Sabbath que aunque comienza como un calco de la original, poco a poco va subiendo de revoluciones hasta convertirse en una divertida locura musical.
Vienen ahora un grupo de canciones más punks, más divertidas de bailar. Es una curiosa mezcla esta banda. Sus influencias vienen del metal clásico y aunque ponen empeño por hacer algo parecido, parece que sin querer lo que le sale es hacer punk rock. De todas formas lo que le gusta a Gary y a su banda es el metal, por si alguien no lo tenía claro aún, lo proclaman a viva voz y comienzan a jugar con varios riffs de canciones clásicas del metal de AC/DC, Black Sabbath… pero sin llegar a completar ninguna. Tras estos divertidos amagos en forma de riffs se enlazan con METALMAN, una muestra de heavy japonés y más tarde para acabar por ahora su actuación interpretan otra canción más. Suena a lo que sonaría Lemmy y sus Motorheads si hubieran nacido en el país del sol naciente. Y hasta aquí la actuación de Electric Eel Shock, o casi. Aunque hacen el ademán de irse del escenario no llegan a hacerlo. Gary anima a que la gente grite y pida una más y así sucede. Tras un par de minutos la banda parece más que convencida y regresan a sus puestos.
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Regresan con más riffs del metal, ahora son de Gun n’ Roses y Black Sabbath y tras ellos los dos últimos temas de la noche, uno de puro rock & roll y para acabar uno que suena tan parecido al Running free de los maiden que hasta que no dejo de gritar por la emoción no me doy cuenta que no lo es. No han estado nada mal los Electric Eel Shock, son una banda divertida, muy animada y honesta con lo que hacen, pero mucho me temo que el torbellino Peelander-Z los ha dejado en un segundo plano.
Cuando salía de la sala, a punto de volver a mi mundo, el mismísimo Peelander-Z Amarillo agradeció nuestra visita y nos bendijo en al menos 3 idiomas. Un gustazo de persona. Ni que decir tiene que si alguna de las dos bandas se acerca por vuestra cuidad no podéis dejar de asistir a su concierto, porque será de los directos más animados, divertidos, desenfrenados y positivos que podáis ver en vuestras vidas. Eso ha sido todo por esta noche. Un óseo saludo desde la antesala del Infierno.
Fotos: Kristina Espina













