Redactor: Nicolás Fuente
LA HABITACIÓN ROJA
23 – Noviembre – 2007
Sala Q (Sevilla)
El 23 de Noviembre lo recordarán algunos como uno de los días más fríos que la ciudad de Sevilla ha tenido últimamente; pero para otro grupo de afortunados (en el que me encuentro), recordarán esa fecha como la noche que Sevilla se tiñó de rojo.
La sala Q, única en instalaciones y organizaciones de eventos, y punto de referencia indiscutible de la escena musical hispalense, abre su enorme portón negro a las 21:15 para recibir a los fieles amantes de la música que se congregan para asistir al concierto de La Habitación Roja.
Y digo bien amantes de la música, porque los alrededores de la sala Q se ven transitados por gente de todo tipo; jóvenes preparados para una buena fiesta, parejas sonrientes en espera de una bonita velada y público no tan joven, que siempre aportan ese toque de distinción, esa sensación de “vamos a ver a unos grandes”; unos grandes que aunque etiquetados como grupo de Indie-Rock, han conseguido un sonido característico que es capaz de encandilar a las más distintas tendencias.
Una vez dentro, la calefacción, la cerveza y los vídeos de los White Stripes se combinan para crear la atmósfera rojiza característica de la sala Q; y aunque el lleno no es total, reina la impresión de que “estamos todos los que somos”. Inesperadamente empieza a salir humo de los laterales del escenario y un pletórico Jorge Martí salta al escenario y agarra su preciosa Fender Telecaster entre vítores del público.
Sin más demora la batería empieza a retumbar el ritmo del comienzo de “La vida moderna”, toda una oda a la tranquilidad del espíritu, que supone un perfecto calentamiento para lo que va a ser una buena noche de música; sin descansar, Jose no para de aporrear sus bombos para empezar “Esta no será otra canción de amor”, emotivo tema de su último disco.
No es hasta que terminan su siguiente temazo, “Agujeros negros”, cuando el grupo se toma un descanso para gritar: “¡Buenas noches Sevilla!”, a lo que el público, más que de sobra ambientado ya, responde con sus gritos y silbidos, tan típicos, pero tan reconfortantes, de un concierto. Tras entonar “Las palabras no funcionan”, llega el primer momento grande del concierto, cuando Marc Greenwood, el todopoderoso bajista, destruye el aire con la línea de bajo que da comienzo a “París ardiendo”; mi privilegiada perspectiva (primera fila) me permite apreciar como la emoción recorre la cara de Jorge al entonar con los ojos cerrados esta canción de desengaño.
El single actual, “Posidonia” (una de las más coreadas por el público femenino) da paso a “Fotógrafo de almas”, tema que en palabras del vocalista Jorge, ellos mismos consideran que es de lo mejor que han hecho hasta ahora; se produce un silencio al acabar de tocar, Pau, el guitarrista, aferrado a su Gibson SG, se agacha para atender a una fan de primera fila y Marc bebe unos tragos de lo que nadie duda que es agua, y es entonces cuando Jorge grita: ¡“ Nuevos Tiempos”! Y ahí empezó el descontrol, este himno generacional, da paso a “Crónico” y a la incomparable “Nunca ganaremos el mundial”, detrás mía un grupo de chicas no paran de bailar, tienen un estilo que por un momento distraen la atención del escenario…
Pero volvamos a La Habitación, que una vez termina de tocar “Van a por nosotros”, prepara a su público para el comienzo de unos de sus temas bandera: “Scandinavia”. Nada más comenzar los trepidantes acordes de las Telecaster de Jorge y Pau, la sala Q empieza a temblar como no lo había hecho hasta ahora, las melodía rompen el aire y el público se mueve sin parar, ante la mirada casi incrédula del grupo, ellos mismo aclararon más tarde que no esperaban semejante reacción.
“La edad de oro” es el tema elegido como transición y descanso para otro de los grandes, “El eje del mal”, que provoca la laringitis de todos (y en especial todas) los espectadores; esto es sin duda una fiesta y no hay absolutamente nadie que no esté moviendo la cabeza, agitando su cintura o levantando los brazos hacia el escenario. Al terminar, Jorge se queda callado unos instantes, y agarra el micrófono para pronunciar estas palabras: “Que sepáis, que así da gusto, no esperábamos esto. Volveremos. Ahí va nuestra despedida: Cuando ya no quede nada”. El rugido que surge de la multitud me llena de adrenalina, y los acordes desatan una tormenta, especialmente en la parte instrumental de este tema, que es todo un alarde de virtuosismo por parte de Pau, Jorge, Jose y Marc; éste último se permite el lujo de tocar el bajo apoyado en su propia espalda, veo a mi alrededor unos amigos brindando y una preciosa chica de rosa agitando su teléfono móvil… Y se van, pero nadie se lo cree.
Vuelven, y comienza el repertorio de temas más antiguos, tocados para los fans más acérrimos del grupo, va por y para ellos; “Perfecto”,”Largometraje” y “Eurovisión” suenan como siempre han sonado, genial, y la balada “Te quiero” remata esta mezcla de sensaciones, aparecen los mecheros y los teléfonos móviles y casi se pueden sentir los recuerdos que este tema evoca en las mentes de los allí presentes… El show acaba con “Mi habitación”, y se despide el grupo… Pero tampoco se lo cree nadie.
Una vez más vuelven, y se despiden formalmente, agradecidos, con “Lejos de la gran ciudad”, cuyo título no deja lugar a dudas… Es otro alarde de técnica musical, y la voz de Jorge suena perfecta, con esa perfección que sólo sale cuando el concierto ya ha llegado a su fin. Y tras despedirse de verdad, una seguidora, (a la que tuve el placer de conocer), Elena, no cesa en su empeño de gritar su tema preferido: “Por ti”, la domina esa sensación que todos hemos tenido, de que sólo ha faltado tal o cual canción… e inesperadamente, Jorge salta al escenario, agarra el micro y dice: “Ya que hemos disfrutado todos tanto… ¿qué os parece si nos saltamos lo que teníamos pensado e intentamos tocar “Por ti”?”. El público no se lo puede creer, no lo tenían pensado y por la insistencia de la fan, lo van a hacer. Son de los grandes, aunque se equivocaron en dos ocasiones, eso los hizo aún mas grandes (al fin y al cabo todos somos humanos).
Con los oídos retumbando y recibiendo el inusitado frío sevillano, todos los asistentes nos vamos de la sal Q, probablemente rumbo a la Alameda, donde seguro que en cada uno de sus garitos se comentará la buena sensación que ha dejado este concierto.

