20:55. Frente a la Gruta 77. Hay un gran ambiente en las cercanías de la sala. Mucha expectación y muchas ganas de pasarlo bien. En el cartel con la lista de los conciertos de la sala puede leerse 18 y 19 de Mayo Marky Ramone tocando repertorio de los RAMONES acompañado por The BLITZKRIEG y con Michale Graves (MISFITS) a la voz.
21:00. Interior de la Gruta 77. La sala está vacía, están terminando de montar el escenario. Éste muy chico. Casi la mitad del escenario está tomada por la batería de Marky, que por cierto es bastante simple y pequeña. Me voy una vuelta por la sala mirando las miles de pegatinas que la adornan, la máquina de discos, la atmósfera a añejo y ajada que la envuelve… un sitio ideal para ver al que fuera batería de los míticos Ramones durante muchos años. Esto no puede tardar mucho en empezar, ya están afinando los instrumentos.
21:15. Sentado en la Gruta 77. La sala comienza a llenarse, el escenario ya debería estar listo para que la banda saltara al escenario, pero parece que se retrasan. Me percato de algo interesante, en los carteles de la sala se avisa (abajo y en pequeñito): «Impuntualidad en todos los conciertos»… a las 21:15 me hace gracia el descubrimiento.
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21:30. Apoyado en la barra de la Gruta 77. Bebo una cerveza mientras me sorprendo de la cantidad de camisetas de los Ramones y zapatillas de imitación de Converse los más diversos colores que han tomado la sala. Mientras los pipas vuelven a afinar los instrumentos, la enorme pancarta de Marky Ramone de detrás del escenario se cae, ahora el ambiente es mucho más punk.
21:45. En primera fila. El local está prácticamente lleno. El cartel sigue aún caído y de Marky y de los suyos aún no hay nada. Los dos pipas de la banda vuelven a afinar los instrumentos. Madre mía, debe haber una plaga temibles de bichos desafinadores pulalando por la sala.
21:50. Mirando la pancarta. Pasa el tiempo y nadie parece hacer caso a mis pintas. Bueno, la verdad es que aquí no es raro. Hay gente que tiene bastante peor cara que yo… y eso que llevo casi 30 años ya muerto. Los pipas se dan cuentan de que la pancarta está caída. Con un rollo de cinta americana intentan solucionar el problema… yo no apostaría por ellos… Tras el remiendo ¿Adivináis que hacen? ¡Vuelven a afinar los instrumentos otra vez!
22:00. Mordiéndome las falanges. Tras una hora de espera, nada sucede. Bueno, por ahora la pancarta aguanta, que ya es algo. A esta hora la nota en el cartel ya no me hace tanta gracia. La verdad es que mis horas fuera del Infierno me las tengo que ganar a pulso. Alguien le tendría que decir a Marky que ya no estamos en los 80, y que su banda no son los Ramones, si no los Blitzkrieg. A lo mejor a estas alturas tener a la gente esperando una hora es más que excesivo.
22:05. Mordiéndome los codos. Los pipas vuelven a subir al escenario. Cogen los instrumentos por enésima vez y los afinan de nuevo. Creo que tendrían que cambiar de marca de cuerdas.
22:15. Saltando. Por fin sube al escenario Marky y sus Blitzkrieg y comienzan a disparar canciones de los Ramones. La primera es Rockaway Beach y enlazan tras el clásico one, two, three, four con Lobotomy. El público, ansioso de bailar y saltar se entrega desde el primer minuto y una tras otras comienzan a caer canciones. No hay tiempo para descansar, para parar, para pensar. Nada más acabar un tema, comienza el siguiente. Es una auténtica ráfaga larga de punk. Concretamente son 17 canciones sin pausa las que desgrana Marky y los suyos. Entre ellas suenan Rock n Roll radio, Shenna, I don´t Care, Rock n Roll High School y muchas más… Marky serio y sobrio en todo momento se maneja aún bien en su batería y cimienta con su personalidad el sonido de la banda. Tocan a menos rpm que en ese loco live, los años no perdonan. No obstante, Marky aguanta perfectamente y sin desfallecer todo lo que le echen. Pero aunque el alma y el protagonista de la banda es él, y aunque el sonido de la banda en general es bastante bueno, el resultado final es algo desigual. Clave P, la bajista es quién anima el cotarro, no deja de poner caras, de moverse, de sonreír al público y de paso de alegrarle a la vista con su estrambótica melena rosa. El guitarra en cambio es demasiado seco, sin terminar de imprimirle fuerza a las canciones, ni el feeling necesario. Se queda en un segundo e inexplicable plano. Pero lo más desconcertante, para mi, es Michale Graves. Quizás para los Misfits estaba bien, pero para una banda de versiones de los Ramones queda excesivo, demasiado estrafalario, desmedido. Hay un anacronismo entre Marky y Michale que le resta coherencia al grupo. Por un momento me parece que estoy viendo a Marky tocando con sus nietos en el garaje de su casa.
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Tras presentar brevemente a la banda y tener tiempo para recargar el fusil, la banda comienza de nuevo con su ráfaga de temas. Ahora serán 8 canciones las que tocarán sin parar un segundo entre ellas. Michale salta, baila, enloquece mientras las canta… Caen ahora Believe in Miracles, KKK, Peat Sematary… los grandes éxitos de los Ramones no tienen fin y esto es una buena muestra de ello, todas, absolutamente todas las canciones que tocan hacen vibrar al público.
23:08. Tomando aire. La banda se toma su primer descanso, ya es hora. Se les puede achacar muchas cosas, pero desde luego lo están dando todo en el concierto. La gente no ha parado de bailar y brincar en esta hora. Los grandes himnos de la banda han sido coreados en todo momento por el respetable… la emoción y la ganas de pasarlo bien pueden con todos los posibles inconvenientes que hay, y el público pide más. Tras unos minutos en silencio y a oscuras comienza el bis. De nuevo el aluvión de canciones es continuo. Pero al acabar queda claro que aún hay más. Aún falta Blitzkrieg Bop y nadie se lo va a perdonar a Marky. Aunque se nota ya el cansancio, la gente pide a voces la vuelta de la banda y éstos no se hacen esperar mucho. En este último retorno, la banda se deja lo último que le queda e incluso el guitarrista se ánima y se acerca al personal, luciéndose como no lo ha hecho en la hora y pico anterior. Serán cinco temas más que tocan en el segundo bis, entre ellos una versión de Wonderful Word y por supuesto, en útlimo lugar, para desatar el último resquicio de locura, Blitzkrieg Bop.
23:35. Volviendo al Infierno. Se acaba el concierto y con él mi permiso para vagar por el mundo de los vivos. Ha sido una alegría ver lo que queda de una banda tan mítica como los Ramones tocar tan de cerca. Un concierto divertido por las canciones, el recuerdo, la nostalgia, pero con sus peros. Los Blitzkrieg no pasan de ser una banda que, para lo bueno y para lo malo, no se diferencia en mucho de cualquiera de las múltiples bandas que hacen versiones de los Ramones en cualquier ciudad del mundo.
P.D.: Al final la cinta americana sí que aguantó… Un óseo saludo desde la antesala del Infierno.
Fotos: Sergio Albert









