BRUCE SPRINGSTEEN “Nebraska” – Columbia Records 1982

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Guillermo voz y guitarra de Hotel Nebraska nos habla sobre el clásico de Bruce Springsteen “Nebraska”.

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Se ha hablado mucho de Nebraska, el primer álbum acústico de Springsteen.
Se ha hablado mucho sobre su contenido, sus textos, del modo en que se grabó, de la Tascam de cuatro pistas, así como de su intimismo y de su posterior repercusión.
Pero no se ha hablado tanto sobre la dificultad de tomar la decisión de publicar ese álbum. De su conveniencia o inconveniencia. De la valentía. De la ausencia de oportunismo.

Hace poco pudimos escuchar a Springsteen, en el documental “The Promise: La Historia de Darkness on the Edge of Town” (2010), afirmando que él no buscaba ser rico o famoso, que no sólo quería ser bueno… que él quería ser grande. ¿Qué es ser grande? Es una mezcla de todo lo anterior más una cosa al alcance de muy pocos: el respeto de todos, en especial, de aquellos a los que tú admiras.

Nebraska fue el primer gran paso de Springsteen para ser grande, para ser respetado por los buenos.

El contexto

En 1981, Springsteen había cosechado ventas millonarias con el álbum doble “The River” (1980), había estado de gira durante un año entero, había comenzado a consagrarse en Europa, sus directos rozaban las cuatro horas de duración interpretando más de 30 canciones por noche y sus entradas se agotaban en todos sus espectáculos. La CBS sabía que tenía entre manos una potencial fuente de ingresos histórica, al nivel de Rolling Stones, Led Zeppelin o Elton John.

Podemos decir que le faltaban únicamente dos pasos para convertirse en el sueño de las discográficas, es decir, un superventas de escala mundial: un disco plagado de singles que rompiera las barreras del Top Ten y el salto a los estadios para sus directos, algo que sucedería en 1984 con el álbum “Born in te USA”.

Pero esa decisión se aplazó. ¿Por qué? Por Nebraska.

En 1982 Bruce publicó un álbum con diez canciones grabadas en su casa con la única ayuda de una minúscula grabadora semiprofesional (la famosa “Teac Tascam 144” portátil), su guitarra y su armónica.

La década de los ochenta se acababa de iniciar. El mundo estaba por globalizarse, Estados Unidos vivía en plena recesión económica y el gobierno Reagan aspiraba liderar el mundo con su patriotismo y sus valores tradicionales.

Springsteen respondía con diez canciones que contaban diez historias de personas. Casi todas ellas oscuras, al límite de sus emociones, donde se cuestionaba aspectos tan internos como la fe, la honradez, la desesperación, el bien, el mal, la familia, la conciencia, la culpabilidad o la impotencia, entre otros. En palabras del propio Springsteen: “Nebraska era un disco acerca de las cosas básicas que mantienen a la gente funcionando en sociedad, en una comunidad, en su familia o en sus trabajos. Y hay una idea común: todos ven como todo falla. La familia falla, el trabajo falla… y, cuando esto sucede, estás perdido. No tienes conexión con nada” (recogido por Dave Marsh en “Golry Days”, 1988).

Estas canciones se llevaron al estudio profesional de grabación pero el resultado no convenció al no conseguir el grado de intimidad e inmediatez captado en las demos originales de su casa. Conclusión, se publicaron las demos.

La decisión

¿Era conveniente o inconveniente editar Nebraska? Como todo en la vida, depende del punto de vista, pero en principio esta decisión podría asemejarse más a un suicidio artístico desde el punto de vista comercial que a otra cosa.

Las ventas de Nebraska, obviamente, se redujeron sensiblemente en comparación con “The River”, pero ¿mereció la pena pagar ese precio?

Hoy en día es muy fácil decir que sí, ya que es bien sabido que la carrera artística de Springsteen ha sido dirigida de manera especialmente cuidadosa, sabiendo combinar muy equilibradamente el éxito comercial con el éxito artístico, las ventas con la calidad, lo fácil con lo comprometido, lo asequible con lo interesante,…etc. En definitiva, Springsteen ha llegado a la cima de la popularidad sin renunciar a los principios básicos de honestidad, mensaje, compromiso y autenticidad.

Pero en 1982, nadie sabía todo eso porque, entre otras cosas, apenas tenía 32 años y su carrera aún estaba por perfilarse.

Bruce ya había demostrado con gestos convincentes mayor interés por lo coherente en detrimento de lo económico. Desterró y regaló éxitos potenciales de canciones como “Because the night” para Patti Smith, “Fire” para la Pointer Sisters, entre otros temas, por no acercarse al concepto original que perseguía para sus álbumes. Pero esta actitud, la de editar una colección de demos grabadas en su casa con forma de álbum manteniendo su integridad artística por encima de todas las cosas, es algo bien diferente. Lanzar “Nebraska” al mercado era, como mínimo, un gesto de valentía en pleno auge de los videoclips en MTV y de los sintetizadores como parte elemental de los discos de muchos artistas. Pero sobretodo un gesto de honestidad. Especialmente, por el momento en que lo hizo, en la antesala de su entrada en el “show business” de escala mundial.

El hecho es que Nebraska supone desnudar unas canciones de todo ornamento musical hasta conectar directamente con las raíces folk, en un momento en el que el desafío era ascender al estrellato del rock de masas. Delicada misión, teniendo en cuenta los precedentes tanto personales (Bruce es un autor que edita menos canciones que las que deshecha una vez grabadas) como históricos (no existen ejemplos claros de artistas que accedan a desligarse de la aceptación comercial una vez les llega el turno).

Hace poco pudimos leer unas declaraciones de John Lennon tres días antes de su asesinato (supuestamente ciertas) recogidas en Internet. Decía algo así: “Que Dios se apiade de Bruce Springsteen cuando sus fans decidan que ya no es dios, que Dios se apiade de él cuando le odien. No le he visto, pero he oído cosas muy buenas sobre él. (…) Actualmente sus fans están felices. Pero cuando tenga que enfrentarse a su propio éxito y tenga que envejecer y tenga que volver a hacer lo mismo una y otra vez, le va a caer encima toda la mierda, y espero que sobreviva” (5 de diciembre de 1980, Nueva York).

Si Lennon no hubiese muerto aquel 8 de diciembre de 1980 hubiese podido comprobar por sí mismo cómo Springsteen se enfrentó a su propio éxito y cómo sobrevivió. Y uno de los grandes pasos del artista para conseguir ambas cosas fue Nebraska.

Tracklist:

1. Nebraska
2. Atlantic City
3. Mansion On The Hill
4. Johnny 99
5. Highway Patrolman
6. State Trooper
7. Used Cars
8. Open All Night
9. My Father’s House
10. Reason To Believe

Miembros:

 

Guillermo (voz y guitarra de Hotel Nebraska)

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