ROCK IN RIO | Viernes 4, Viernes 11 y Lunes 14 Junio | Ciudad del Rock (Arganda del Rey – Madrid)

Rock In Rio

Grandes actuaciones en la ciudad del rock

Después de varios días de conciertos, muchas horas de trabajo, mucha música, y con un poco de perspectiva, uno puede ponerse por fin a analizar más fríamente lo que ha dado de sí esta edición del histórico festival que de nuevo traía su sede a la Ciudad del Rock de Arganda del Rey. Y las primeras conclusiones, dejando a un lado la disparidad de propuestas musicales, que merecen mención a parte, son algo negativas. Durante todo el festival fue comentado tanto entre los compañeros de los demás medios como entre muchos de los asistentes (sobre todo los del segundo fin de semana) el hecho de que a veces parecía que nos encontrábamos más que en un festival de Rock, en un parque temático. Porque Rock in Rio se ha transformado en un gran negocio, en un reducto donde las grandes empresas de «moda» y las franquicias de comida rápida hacen el agosto y donde es casi más fácil ver pasearse a famosetes de medio pelo que ver un concierto de Rock en condiciones. Y eso, lamentablemente, afecta al espíritu con el que la audiencia se enfrenta a las actuaciones. Es una pena, pero en la Ciudad del Rock de Arganda del Rey (un recinto que, intereses económicos a parte, es impresionante) se respira casi todo menos lo que su nombre indica, Rock and Roll.

Como punto positivo, destacar la labor de la organización y el personal de prensa del festival, así como las instalaciones destinadas a los medios. Es de agradecer que de vez en cuando nos traten como gente que va a trabajar, y no como si fuéramos fans enloquecidos y molestos.

Y en cuanto a las propuestas musicales, poco podemos decir que no se haya dicho ya desde que empezaron a anunciarse las bandas que conformaron el cartel. Un primer fin de semana para olvidar (a excepción de unos Bon Jovi que cada día se acerca más a las bandas con las que compartieron escenario) y un segundo con una oferta más rockera y mucho más interesante, dejando las bandas más «alternativas» para el día 11 y el metal más clásico para el cierre del festival. De hecho, si hubieran organizado dos festivales con nombres distintos para cada fin de semana, es de prever que no se habrían despertado tantas suspicacias y recelos hacia el evento. Basta con recordar el nombre que recibía el festival en algunos foros de internet («Pachanga en Arganda»), para darse cuenta de las contradicciones.

Una vez dicho esto, y centrándonos en lo que realmente nos interesa, pasamos a contar lo que sucedió en la «Ciudad del Rock».

VIERNES 4 JUNIO
Inauguraron la parte más pretendida que efectivamente rockera del asunto BON JOVI, que no hicieron sino certificar su progresivo y cada vez más definitivo alejamiento del hard rock que practicaran en sus primeros años de carrera, reconvertido ahora en un descafeinado e inofensivo pop rock para toda la familia que hace que quien antaño compartiera carteles con Kiss, Iron Maiden o Scorpions no desentone ahora subido al mismo escenario que compañías tan poco recomendables como Macaco o Pereza. No cabe hablar de sorpresa (pues esto es lo que sin remilgo alguno se ha venido viendo en los de New Jersey desde «Keep The Faith») ni de pinchazo en lo que a la actuación en sí se refiere (la profesionalidad se les presupone, y tanto en el aspecto técnico como en el del espectáculo lo clavan), pero el espectador que antaño los siguiera y/o respetara no puede evitar la sensación de encontrarse ante una banda distinta, domesticada, irreconocible aún en la interpretación de los clásicos de sus primeros cuatro álbumes. Es el camino por el que han optado y no hay nada ilegítimo ni indigno en ello, aunque resulta ciertamente desalentador constatar que lo que otrora despertara emoción y deleite, hoy no provoca sino indiferencia.

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VIERNES 11 JUNIO
Después de un fin de semana bastante más «Pop» que «Rock», llegaban por fin el fin de semana más duro. Los encargados de abrir el certamen el día 11 fueron los madrileños RADIO K.O.N.T.R.A. (ganadores del concurso de bandas que la organización y LG organizó para actuar en el festival). Con apenas 15 minutos de actuación, calentaron el ambiente del Escenario Sunset con una propuesta de Rap Metal a la vieja usanza, muy en la senda de aquellos Limp Bizkit de la década pasada, dejando un buen sabor de boca. Una banda a la que habrá que seguir muy de cerca.

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Pocos minutos después ocupaban el mismo escenario DINERO, una de las bandas más prometedoras del panorama nacional. Abrieron su descarga con «El momento perfecto», perteneciente a su primer disco homónimo. Y a partir de ese momento demostraron que lo que destacan en su propia biografía no es falso. Tienen un directo verdaderamente demoledor. Con solo tres miembros llenan el escenario como pocos, con un sonido y una puesta en escena verdadermente potentes para desarrollar su rock alternativo muy en la onda de Foo Figthers o los madrileños Nothink. Una pena que tocaran tan pronto y en escenario pequeño, porque verdaderamente fueron una de las bandas más interesantes del día. Temas como «En Invierno» o «Tratorno Bipolar» darán mucho que hablar en el futuro.

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Tras una buena carrera, llegamos para ver el primer concierto de la tarde en el Escenario Mundo, donde ya sonaban los primeros acordes de DRACO, ganador del Grammy Latino al mejor album de Rock Vocal. Con un sonido algo flojo, no terminó de conectar con un público algo más metalero que esperaba otro tipo de propuestas. Un error el haber programado su actuación en este escenario justo antes de dos bandas tan dispares.

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Unos minutos después y mientras O´Funkillo actuaba todavía en el Escenario Sunset (lástima que en estos festivales se solapen las actuaciones) llegaba el primer plato fuerte de la noche. Los Californianos CYPRESS HILL, que repetian cartel con RATM como en aquel mítico Festimad del 93 (uno podía encontrar inumerables nostágicos de aquel festival entre los asistentes) realizaron una de las mejores actuaciones del festival, haciendo saltar al respetable con su propuesta de Hip-hop de vieja escuela con ciertos toques latinos en algunos temas. Abriendo con «Get them Up» y desde el minuto uno de la actuación no dejaron de moverse por todo el escenario metiendose al público en el bolsillo. Temás como «Hand on the pump» de su disco homonimo de 1991 o «Insane on the Brain» hicieron las delicias de un público que poco a poco iba llenando la esplanada del Escenario Mundo a pesar de la lluvia y del mal tiempo a golpe de rimas y mala leche. Un diez para los de L.A..

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Después de la tormenta era el turno de JANE´S ADDICTION. Otra de las bandas más esperadas, con Dave Navarro a la guitarra y el mítico Duff McKagan (ex-Guns N´Roses) al bajo. Altas eran las expectativas, y como tal grande fue la decepción para muchos. Después de una atmosférica introducción rompían a sonar los acordes de «Stop», dictando las pautas de lo que sería la actuación durante el resto de la velada. Con un Perry Farrell volcado con el público y el resto de la banda en un segundo plano (literalmente, pues estaban casi completamente a oscuras) fueron desgranando una actuación oscura, ambiental, sexy (con dos strippers dándolo todo en el escenario) que hizo las delicias de los fans más acérrimos, pero resultó quizás algo pesada para el resto de los asistentes. Cierto es que en ningún momento se pudo acusar a la banda de falta de intensidad. En el aspecto técnico destacar el buen hacer de Dave Navarro, finísimo en la ejecución y con un sonido más que aceptable. La voz de Farrell sin embargo sonaba sobrecargada de reverb y algo artificial. Y es que los años no perdonan.

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Y por fin llegábamos al final esperado. Después del correspondiente cambio de Backline, se apagaban las luces del festival para dar paso a la banda más esperada de la velada. RAGE AGAINST THE MACHINE por fin llegaban al Rock in Rio en la que sería la primera actuación verdaderamente potente del festival no absentos de polémica. Para empezar fue la única banda que no permitió la retransmisiíon de su concierto por televisión Española (a pesar de que pidieron disculpas más tarde). ¿Revolución o Egocentrismo? Quién sabe. Porque RATM se mueve en este dilema constantemente. Cuando echas un vistazo a las peticiones de la banda a la organización (72 litros de agua mineral, champán francés o cuatro pares de calcetines de algodón) es difícil mantener el mito. Sin embargo, cuando están en el escenario, lo rompen por los cuatro costados. Después de las sirenas que acompañaban el ascenso de la ya mítica estrella roja que gobernó el escenario, Zack de la Rocha se acercaba al micrófono, lo agarraba con fuerza y sentaba las bases de lo que iba a pasar. «We are Rage Against The Machine. We come from Los Angeles», e inmediatamente después rompen a sonar los acordes de «Testify». Y el público, por primera vez en toda la velada se volvió completamente loco. Sin apenas descasnso «Bombtrack» y luego «People» hacían las delicias del respetable. La banda en su línea: distante, poderosa, potente, rockera, enérgica, espectacular,… además gozaron del mejor sonido de todo el festival. Sencillamente perfecto. Nítido. Potente. Rompedor. Depués de un brutal «Know your enemy» llegaba el primer bomabazo grande de la noche con «Bull on parade». Sencillamente genial.

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Los asitentes se miraban con complicidad y los comentarios corrian entre el público («Que temazo», «increíble»). Era el turno de «Renegades of Funck» con colaboración de la gente de Cypress Hill a la percusión, para dar paso al segundo momento más brutal de la noche, y probablemente, para muchos el del festival. Comenzaron a sonar los acordes del que es uno de los mejores temas de la historia del rock más alternativo: «Bullet in your head» hizo temblar los cimientos de la ciudad del Rock.

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Y así poco a poco fueron cayendo clásicos de la banda hasta llegar a un fin de fiesta ya clásico con el tema que los encumbró en los 90 y que hoy en día sigue siendo un gran clásico. «Killing in the name of» despedía entre pogos y saltos el primer día del fin de semana Rockero del festival dejando la sensación de que RATM han alcanzado ya el estatus de leyenda.

LUNES 14 JUNIO
El último día del festival comenzaba con una tormenta que hacia presagiar lo peor metereologicamente hablando. Sin embargo, a medida que se acercaba la hora de abrir puertas, el cielo de Arganda se abría para dejar paso a una tarde soleada, lo cual nos hace pensar que el Chaman que la organización había contratado para evitar las lluvias (si, no es broma, y cobraba una cantidad con tres ceros y 5 cifras, ahí es nada) hizo muy bien su trabajo.

Abría la tarde alrededor de las 19.00 en el Escenario Sunsel la superbanda de versiones HAIL. Con míticos del metal entre sus filas como Andreas Kisser (Sepultura), Ripper Owens (ex-Judas Priest) o James LoMenzo (actual bajista de Megadeth) fueron para el que suscribe una de las grandes sorpresas del festival. Lástima que se solapara su actuación con la de los madrileños Sôber en el otro escenario, impidiendo a muchos de los asistentes disfrutar de ambas actuaciones. Temás como «Chaos AD» de Sepultura o «Symphony of Destruction» de Megadeth calentaron al público. Más tarde saldrían los mismísimos Barón Rojo a compartir escenario, pero el que suscribe, como no dispone del don de la ubicuidad, no pudo disfrutar de tan interesante colaboración.

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Y a las 19.20 corriendo como alma que lleva el diablo al escenario grande, donde ya sonaban las primeras notas de «Oxigeno» abriendo la actuación de SÔBER. Como ya decíamos hace escasamente un mes después de su puesta de largo en «La Riviera», la banda ha vuelto con energías renovadas y muchísima fuerza. Cierto es que el escenario estaba bastante limitado de espacio debido a la pirotecnia y las estructuras de Metallica y cierto es también que aun no había demasiado público (si es que no se pueden poner festivales en Lunes señores…). Aún así, la banda transmitió con intensidad y ofreció una actuación más breve de lo acostumbrado pero cargada de fuerza. Sonaron casi todos los clásicos de la banda («Lejos», «Arrepentido», «La Nube» o «Paradysso») para cerrar con «10 Años» seguida del clásico «Loco». Descable fue el espectáculo de percusión a dos baterías durante «Si» con Carlos Escobedo demostrando su versatilidad como músico. Una lástima que el sonido no fuera demasiado bueno, sobre todo durante los primeros temas.

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Mientras esperábamos a Motorhead, nos deleitaron por sorpresa con un concierto de los Madrileños INLOGIC (lástima que un problema de organización nos impidiera hacer fotos durante este concierto). En apenas 15 minutos dejaron muy buenas sensaciones con su mezcla de Rock y Punk con ciertos tintes alternativos. Buen premio para una banda que poco a poco se ha ido haciendo un nombre a través de la red y que puede ser una de las apuestas de futuro del Rock Español.

Alrededor de las 21.30 y con el sol cayendo por detrás del escenario salían a escena los esperadísimos MOTÖRHEAD. Personalemente creo que la banda de Lemmy es más de pequeños escenario, de salas, para poder tenerlos cerca y sentir su energía. Porque la banda de Lemmy es puro Rock and Roll sin más. Sin artifcios ni paraferanalia alguna. Directos y potentes. Así son Motörhead. «Iron Fist» abría una actuación sin apenas tiempos muertos, que contó en determinados momentos con la colaboración a la guitarra de Andreas Kisser (como curró este tío durante todo el día!) al que se vio disfrutar como un enano. «Metropolis», «Over the Top» o «Cradle to the Grave» dieron paso a un apoteósico final (después de un intenso solo de batería) con los dos temás más míticos de la banda: «Ace of Spades» y «Overkill» (acompañados de nuevo por Andreas Kisser). Como durante toda la velada, el sonido dejó muchísimo que desear, y el escenario, capado por recursos ajenos, también impidió una actuación más brillante. Sin embargo fue un buen aperitivo que nos dejó con ganas de verlos en Septiembre en la Riviera.

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Y por fin, a las 23.51 más o menos y con algo de retraso, se apagaban las luces para dar paso al ya mítico «Ecstasy of Gold» de Ennio Morricone (con escenas proyectadas del final de «El bueno, el feo y el malo) clásico ya de los concierto de METALLICA desde la mítica gira del Black Album. Una introducción épica para calentar al público, que corea la melodía como si de un tema de la banda se tratara. Y segundos después, explosión de luz y Lars Ulrich de pie en su batería increpando al público para dar paso a los primero acordes de «Creeping Death». Un comienzo espectacular, con un sonido que sin ser prefecto mejoró muchísimo el del resto de bandas de la velada. Casi sin descanso y tras un breve saludo de Hetfield (que a pesar de que ya no canta como antes, sigue siendo una bestia en concierto capaz de acaparar todas las miradas) rompen a sonar los acordes de «For Whom the Bell Tolls». Doble ración del mítico «Ride The Ligthning» y el público en el bolsillo. «Throug the Never» sería el siguiente gran clásico en caer, para dar paso después al primero de los tres temas de su último largo «Death Magnetic» («That Was Just your life»).

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Es probable que con el tiempo Metallica se haya convertido en un producto más cercanao casi a Kiss que a Slayer, por ejemplo, que todos sus conciertos sean casi idénticos con apenas algún cambio (el escenario era idéntico del que llevaron en el BBK Live de hace 3 años), que la ejecución de Lars Ulrich en algunos momentos deje entreveer que la edad no perdona o que la voz de Hetfield suene algo más cascada. Es probable que ya estén por encima del bien y del mal y que falte algo de actitud en algunos momentos… pero es igualmente cierto que cuando suenan los atronadores acordes de «Master of Puppets» o de «Figth Fire with Fire» todo esto queda en un segundo plano. Metallica siempre serán grandes porque lo fueron y porque saben meterse al público en el bolsillo, ya sea en un pabellón subidos a un ring de Boxeo o en Rock in Rio. Ya sea con «Cianide» o con un «Sad But true» brutal dedicado a sus inspiradores Motörhead.

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Agradeciendo en todo momento la disposición del público (para mi gusto algo frio, quizás por el clima, o quizás contagiados por el ambiente blandito del entorno) fueron desgranando clásico a clásico (geniales «Fade to black o «Sanitarium», o el mítico «One» con sus fuegos artificiales de rigor) hasta llegar a una explosión final con «Enter Sandman» seguida de «Seek and destroy».

Y con esto termina la edición 2010 del Rock in Rio dejándonos sensaciones agridulces. Bien por la música y las bandas. Bien por la parte del departamento de prensa y de la organización ejemplar. Mal, sin duda alguna, el cariz excesivamente comercial que restó autenticidad a un festival que, por cartel (el segundo fin de semana) era una de las grandes apuestas de la temporada.

 

Texto: Javier Bragado y Raúl Ranz
F
otos: Javier Bragado y Maixta

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